Cadena de mando

La importancia de los resultados

La mayor preocupación de un gobierno es la forma como presenta a sus gobernados los resultados de sus acciones y más cuando la sociedad ya perdió toda capacidad de asombro, como es el caso mexicano. Para las secretarías de Estado el reto es mayor, debido a que sus gestiones no alcanzan a cubrir las necesidades de la población, unas por la propia estructura, muchas otras por la incapacidad e indolencia que persiste en las instituciones de gobierno.

La luna de miel terminó. Comienza el tiempo donde los electores le exigen cuentas a quienes con su voto llegaron al poder; comenzará pronto un entretiempo que mezclará la exigencia ciudadana con la esperanza que todavía creen los candidatos y puedan producir en la gente. Lamentablemente, nadie se escapa. Ni los ciudadanos cuando tienen que ser electores ni los políticos cuando tienen que convertirse en productos electorales.

Las reformas estructurales aprobadas en la actual administración provocan más confusión en la gente que aprobación. La que se salva a medias es la de telecomunicaciones, debido a los ahorros que se supone tendrá la gente en telefonía. Sin embargo, las reformas son un triunfo de todos los que participaron desde su propuesta hasta su aprobación.

Más allá de reformas o de la importancia de demostrar acciones de gobierno, la sociedad en general sigue teniendo una máxima preocupación: la seguridad. A pesar de que la Comisión Nacional de Seguridad ha tenido avances significativos a este respecto y su cabeza de sector, vía Miguel Ángel Osorio, ha intentado calmar a la gente, informando sobre los resultados contra la delincuencia y sobre la disminución de los índices delictivos en México, la incredulidad de la gente sigue siendo la constante.

Las fuerzas armadas mantienen un papel distinto en cuanto a lo que la sociedad sí percibe en función de sus resultados. El mito del “violador sistemático” de derechos humanos creado por algunas ONG, grupos delictivos, grupos de izquierda y por algunos “opinadores” se desvanece precisamente por los resultados entregados a la sociedad misma. Se desvanece también porque la difusión mayor en cuanto al logro de resultados la emite la Comisión Nacional de Derechos Humanos, no las fuerzas armadas.

Una cosa es la queja en la CNDH, otra es la denuncia y otra muy distinta es la recomendación que la Comisión emita, por ejemplo, a la Sedena o a la Semar. En lo que va de la actual administración, las quejas por violación de derechos humanos por parte de las fuerzas armadas han disminuido en 50 por ciento.

Para dar un contexto real, la misma CNDH informó en su momento que tan solo en el sexenio pasado recibió 6 mil 65 quejas por operaciones de la Sedena, de las cuales solo 98, es decir, 1.61 por ciento del total, se tradujeron en recomendaciones. Lo que poco se conoce son las miles de operaciones diarias que el Ejército mexicano realizó —y realiza— para combatir la delincuencia.

Casi la mitad de las quejas presentadas contra el Ejército y la Fuerza Aérea durante este sexenio, la propia CNDH la resuelve orientando al quejoso jurídicamente, definiendo que no se trata de violación de derechos humanos. Una tercera parte se desecha por no existir materia para proseguir con la propia queja, una décima parte, la Comisión la ha solucionado mediante procedimientos de conciliación.

De las tres recomendaciones emitidas por la CNDH de 2012 a la fecha, la Secretaría de la Defensa Nacional ha cumplido dos y la restante se encuentra en proceso.

Cabo de Guardia y de turno

Sedena y Semar, además de ser instituciones de gobierno, son también del país, a diferencia de las demás secretarías de Estado. Los resultados que entregan deben ser de grandes beneficios para la sociedad, pero también para el gobierno en turno.

Para el presidente de la República, los resultados van más allá de las expectativas y, sin duda, Enrique Peña Nieto confía y está satisfecho con la lealtad institucional de las fuerzas armadas. Falta todavía que el comandante supremo empuje cambios para otorgar a los soldados de tierra, aire y mar una mayor certidumbre jurídica que los proteja en sus acciones.

Como nunca, la sociedad está convencida de la importancia que los resultados castrenses le brindan. La gente hace suyo al Ejército, a la Marina y a la Fuerza Aérea, lo que no sucede con otras instancias de gobierno, mucho menos con los poderes Legislativo y Judicial.

En la actual democracia mexicana, tiene más valor un soldado, que un maestro o un diputado o un juez. Se confía más en un militar que en un gobernador o un alcalde.

¡Así las cosas!

 

jibarrolals@hotmail.com @elibarrola