Cadena de mando

La imagen de las instituciones del país y del pueblo de México

El pasado miércoles, en el muelle de la base naval de Acapulco, Guerrero, al toque de silbato, quedaron en posición de firmes los 254 elementos del buque escuela Cuauhtémoc para recibir con los debidos honores a los altos mandos navales y militares, quienes abordaron al “embajador y caballero de los mares”. Como desde hace 34 años, el zarpar del Cuauhtémoc, amén de emotivo, marca la consecución de una nueva generación de oficiales navales militares, quienes después de un viaje de instrucción que durará 228 días, regresarán a dedicar una vida al servicio de la patria.

Eso de “una vida al servicio de la patria” para muchos puede parecer exagerado y ramplón. No es así. El sistema educativo naval, desde la Heroica Escuela Naval Militar hasta el Centro de Estudios Superiores Navales, sumado con la tradición de honor y lealtad de la Armada, convence a mujeres y hombres de que no hay otra misión que la defensa de la nación.

A bordo del buque-velero, el secretario de Marina, almirante Vidal Francisco Soberón Sanz, les reiteró a los jóvenes marinos que deben ser ejemplo de honor, prudencia y respeto, y observar “una conducta intachable”, pues constituyen la imagen de las instituciones del país y del pueblo de México.

También, Soberón Sanz señaló a todos los asistentes que la unión y el trabajo en equipo que han realizado las fuerzas armadas han permitido logros importantes en la lucha contra la delincuencia organizada y esta tarea así continuará hasta garantizar la paz que merecen los mexicanos. Acompañado del general Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa Nacional, el alto mando naval destacó la gran unión que existe con los miembros del Ejército y Fuerza Aérea mexicanos.

Más allá de la profunda amistad que tienen ambos secretarios, se debe valorar la importancia del “hombro con hombro” con que ambas secretarías desarrollan su labor. Ojalá que algunos secretarios de Estado tomen el ejemplo, no como una amenaza del poder que logran Cienfuegos y Soberón al mantener una estrategia conjunta, sino como el fortalecimiento que le dan al Presidente y por ende a México. Ojalá que todos los legisladores reconozcan que la alineación de capacidades y fuerzas de soldados y marinos genera condiciones para que exista democracia en este país y que, por ello, se les debe dotar de marcos jurídicos acordes con las labores que desarrollan.

Ojalá que algunos gobernadores comprendan que sus gobernados observan la presencia militar en sus calles, convencidos de que, cuando los militares entran a recuperar espacios, no lo hacen dando “palos de ciego”; en las formas, deben gobernadores y alcaldes tomar el ejemplo de los beneficios que otorga una buena coordinación interinstitucional.

SEÑALES DE ALERTA EN LA EDUCACIÓN

Los únicos esquemas educativos en nuestro país que fomentan dar, antes de recibir, son los militares. Desafortunadamente, dentro de los planes de educación, tanto públicos como privados, lo que se les enseña a los jóvenes mexicanos es a recibir cuando debiera entenderse que todos, absolutamente todos, podemos hacer mucho por México y, en un repaso breve de la situación social, las señales más que claras son de verdadera alerta, ya que no se están generando a futuro ciudadanos comprometidos ni conscientes de que no queda en las minorías el éxito y desarrollo de un país. Un ejemplo de lo anterior, son las marchas realizadas por los estudiantes normalistas de Michoacán —quienes pronto, se supone, educarán a niños y jóvenes— y que, mientras hacían sus demandas de esta semana, los atropelló con su camioneta, para unos, un asesino, para otros, un vengador anónimo, quien, en su intento homicida o bien en su sed de venganza a la pasividad de las autoridades cuando se toman vías de comunicación, fue apresado.

CABO DE TURNO

Por deformación profesional siempre busco en las ceremonias militares tanto de tierra, mar y aire, alguna expresión —de los civiles que asisten— que indique incredulidad, burla, o bien incomodidad con lo riguroso del protocolo militar.

Lo que siempre prevalece en la gente es un sentimiento de orgullo, cuando se contagian por el ambiente castrense, del respeto y valor que se la da al país en cada ceremonia.

Nuevamente, con motivo del zarpar del Cuauhtémoc, busqué a alguien que no se sintiera emocionado con los jóvenes marinos, quienes desde cubierta y desde el palo mayor dejaban atrás a sus seres queridos y también, por supuesto, dejaban atrás a su patria, aunque solo sea por unos meses.

Para quien le suene “mamón” todo lo anterior, vivirlo le cambiará la idea.

jibarrolals@hotmail.com

@elibarrola