Cadena de mando

El espacio militar

Contar con un espacio editorial, como el que amablemente me brinda Carlos Marín y Grupo MILENIO, además de ser una responsabilidad, es un reto. El apasionante mundo de las fuerzas armadas (ejército, fuerza aérea y marina armada) lo hace aún mayor, ya que, a diferencia de otros países, la cultura militar en México es incipiente y limitada. En definitiva, corro el riesgo de que no se entienda sí este esfuerzo periodístico es para algunos una puerta de entrada hacia el sector castrense o para otros —espero sean los menos— que sea el espacio de un fanático de los militares. En todo caso me declaro así, “fanático”, pero solamente del sector femenino militar. ¡Qué mujeres!

Definitivamente, seguiré corriendo el riesgo.

Los esfuerzos de quienes integran los ejércitos de tierra, aire y mar, por romper con los mitos, por demostrar su peso específico y sobre todo por mantener la institucionalidad del país, no han sido en vano; sin embargo, llegó ya el momento de generar un rediseño de lo que verdaderamente le da valor a la relación civil-militar, es decir, el espacio donde deben coexistir unos y otros. La apertura necesaria que ha tenido el instituto armado en los últimos años, nos debe llevar como sociedad a preguntarnos sí, a pesar de lo obtenido, queremos conocer más de nuestras fuerzas armadas. También debe llevar a los de uniforme a preguntarse qué esperara de ellos la sociedad en un corto plazo si no se continúan enviando mensajes adecuados y congruentes como hasta ahora.

Una señal clara, es el país que encontraron los priistas después de 12 años de no gobernarlo; un país, con una sociedad que cambió no por la llegada del panismo, más bien, lo hizo a partir de que el hegemónico PRI perdió el poder y con ello, muchos de sus controles políticos, económicos y sociales. Vale decir que con los cambios de los partidos en la Presidencia se generó el temor de hasta dónde las fuerzas armadas serían institucionales al nuevo sistema. Cuando Vicente Fox llegó al poder se especulaba sobre lo que un instituto armado priista le iba a dar. Lo mismo sucedió con Enrique Peña Nieto; surgió nuevamente la duda. Otros muchos, fueron más allá, al asegurar que el Ejército y la Marina eran de Felipe Calderón. El único ejército que tuvo el panista fue la Policía Federal.

Ese México donde su gente aguantaba indolente y apática ya no existe. Hoy vive un cambio generacional radical, el cual si no diseña un nuevo espacio corre el riesgo de evolucionar en una sociedad egoísta, temerosa y por ello, irracional. Si a ese relevo social el gobierno no le brinda las garantías para conformar ese nuevo espacio, entonces también correrá el riesgo de convertirse en una sociedad violenta, como ya sucedió esta semana con comerciantes de Tepito, contra maestros de la CNTE. ¡Aguas!

Si las fuerzas armadas no siguen demostrando que su espacio ha sabido evolucionar con los tiempos, aun y a pesar de los cambios democráticos, aun y a pesar de que, como cualquier ejército del mundo debe atender lo que la política de la Nación le dicte, entonces, esta nueva sociedad, comenzará a exigirles imposibles. ¡Aguas!

El espacio militar está construido no solamente en lealtad, disciplina y entrega, sino también lo está en función de lo que su naturaleza de instituto armado puede brindar a la sociedad para satisfacer ciertas demandas. Otras, aunque quieran, bajo las condiciones jurídicas y presupuestales que tienen no las pueden dar. Es un gran acierto, por ejemplo, que los congresos estatales reconozcan al Ejército mexicano en su centenario, es más que merecido. Aquí cabría una pregunta necesaria: ¿por qué los diputados estatales, además de reconocerlos así, no crean una corriente dirigida al Congreso de la Unión que mejore las condiciones legales, laborales y personales de soldados y marinos?

El espacio militar de hoy ha logrado conjuntar a los de tierra, aire y mar como una sola fuerza. De que cambie la estructura militar en México, para dar a paso a un civil como secretario de Defensa que administre y un Estado Mayor conjunto que adiestre, organice y opere, falta todavía mucho. El verdadero signo de esta conjunción no es forzar esquemas, ya que los altos mandos saben bien que al hacerlo se romperán. Más bien, lo que no debe perderse de vista es que en ese espacio armado ni el gobierno ni la clase política ni la sociedad entera pueden sustraerse.

Nadie debe ser ajeno a ese espacio

@elibarrol