Cadena de mando

El día del horizonte azul Z

Usted, mi capitán Ibarrola, visionaba ese día como un hecho inminente, necesario y de profunda calma en el acontecer político, económico y social de nuestro país. Usted hablaba y escribía de ello, hace apenas 26 años.

Muchos no saben que el azul Z es el color del uniforme de los oficiales del Ejército mexicano. Cuenta la leyenda que cuando un cabo le enseñó a su comandante el parte donde se informaba el cambio de color del uniforme, escribieron “asul”, a lo que el mando reescribió sobre el parte ¡azul! “z”, y desde entonces es así. Para muchos sigue siendo polémico el color que usan los militares en este país. En algunas partes del país el horizonte es Z, pero no azul, es rojo —y son los verdes quienes lo defienden— por tanta sangre derramada, por tanta vida perdida —aunque sea de malandros—; por tanta viuda, por tanto huérfano, por tantas madres sin sus hijos y, también, por tantos hijos que no ¡tienen madre!

En su época, mi capitán, la imagen del Ejército era buena, aunque quedaba alguna astilla pendiente de ese día “que no se olvida”; pero marchaba sin la preocupación que hoy tiene. En estos días de horizontes multicolores, lo que importa a las fuerzas armadas es su relación con la sociedad civil. Es la imagen pulcra, leal y honesta que han tenido en todas sus épocas.

Hoy, capitán, el asombro de la gente sigue siendo mayúsculo cuando vive y convive con los soldados al momento de activar el Plan de Defensa Nacional, mismo que no solo es para aventarle de tiros al extraño enemigo. Sirve para apoyar a la población en casos de desastre, lo que también se considera seguridad nacional. La tarea compleja radica en poder empatar las necesidades de civiles y militares, para lograr romper con los mitos y con la esterilidad de no quererse entender.

Los militares, mi capitán Ibarrola, han emprendido una transformación hasta de cultura, actitud y tolerancia para poder acallar las voces que insisten en confrontarlos con la sociedad. Estas voces son, en su mayoría, patrocinadas por el narco; por las ONG —léase Estados Unidos— y, por supuesto, nutridas por la frustración de algunas izquierdas anquilosadas que ha encontrado estruendo en opinadores perdidos en la América Latina de los años 70. Estas voces y sus mecenas no han entendido que sin la institución armada, el país simplemente se desmorona. No existe una cadena de mando más precisa, sensible y útil que la castrense; y es aquí, quizá, donde radica esa diferencia irreconciliable entre los civiles y los militares.

Para los civiles será difícil entender que esta cadenade mando no se puede romper. En la sociedad, ejemplos de ruptura en sus estructuras sobran y las consecuencias para sus Instituciones han sido graves. Desde grandes actos de corrupción hasta ingobernabilidad. Desde funcionarios muertos hasta la aparición de improvisados que pretenden gobernar. Desde el ocaso de las mismas hasta la creación de otras sin sentido y que solo abonan a la corrupción y al abuso.

Para los militares, entender a la sociedad es complejo, ya que no quieren contaminarse de las debilidades civiles, o bien, porque la preparación que actualmente tienen los oficiales de las fuerzas armadas es tanta que el civil pudiera ser apreciado como retrógrada. Lo que ni unos ni otros han entendido es que en verdad es fácil conciliarlos para enfrentar nuevos horizontes donde mucho hay que hacer por el país. Habrá que analizar fortalezas y debilidades de las reacciones que ambos han tenido a lo largo de la historia civil-militar mexicana.

Usted lo entendía bien, mi capitán, han podido convivir ambos desde hace por lo menos un siglo. Por eso, tal vez, llegó el momento de replantear el papel de las fuerzas armadas ante la sociedad y viceversa.

Es un horizonte azul Z, y usted sabe, mi capitán, que no será de amenaza para la clase política, mucho menos para la interferencia de la gobernabilidad en estados y municipios. Es la necesidad de demostrar que las formas militares pueden ser adoptadas por civiles sin militarizar al país. Es urgente que en ese horizonte haya ejemplo, entendimiento, tolerancia y, sobre todo, respeto.

Al igual que hace 26 años, usted lo plasmó en sus Historias de periodistas, los militares no impondrán el orden a culatazos ni a balazos. El orden lo impondrán con el ejemplo.

Como siempre, estoy a sus órdenes, mi capitán segundo Juan Jesús Ibarrola Jiménez.

jibarrolals@hotmail.com

@elibarrol