Cadena de mando

¿Quién es el criminal aquí?

En los últimos 50 años, quienes ocuparon la responsabilidad de ser el alto mando militar mantuvieron una posición discreta y de bajo perfil, ante los medios de comunicación, referente al pensamiento y sentimiento del Ejército mexicano ante la realidad nacional.

Si bien el 2 de octubre de 1968 marcó un parteaguas en la realidad del Ejército, los intentos por criminalizar a los soldados no encontraron el eco que en esta época el propio gobierno provoca con actitudes plurales e incluyentes, es decir, desde la SRE, Segob y PGR no se escucha siquiera una voz que envíe un mensaje institucional que integre a Sedena y por ende a sus elementos como parte del gobierno de Enrique Peña Nieto.

Lo que se escucha desde las instituciones que, por cierto, protegen los soldados mexicanos es un discurso degradado y perdido en el conflicto político que ha sido provocado por grupos internacionales que solo viven para su propia subsistencia y no por crear mejores y mayores estados para la sociedad.

Se escucha desde las instituciones de relaciones exteriores, gobierno y procuración de justicia una permisividad ingenua y cobarde que no ve, o no quiere ver, los diferentes intentos por debilitar a un país que, como México, es miel sobre hojuelas para quienes pretenden criminalizar a la institución que mayor nivel de confianza mantiene en la población.

El país que intenta criminalizar a sus fuerzas armadas se degrada de manera irremediable.

El general Salvador Cienfuegos comenzó esta semana una inercia oportuna y positiva. Nadie sale a la defensa de generales, jefes, oficiales y tropa; es decir, la única voz que explica de manera objetiva por qué no se debe aceptar que la comisión interamericana de derechos humanos criminalice al Ejército ha sido la del secretario de la Defensa.

Quienes ven en la actividad mediática del alto mando militar una amenaza en verdad no tienen coherencia con los tiempos actuales de apertura e inmediatez en la comunicación.

Aun y a pesar de que la semana pasada se liberó a cuatro de los siete militares detenidos por el caso Tlatlaya, se insiste con el cuento de que los 22 delincuentes fueron ejecutados a manos de soldados criminales.

Aun y a pesar de que Francisco Cox, integrante del Grupo de Expertos Independientes de la CIDH, asegura que no hay un solo indicio para señalar que el Ejército tuvo algo que ver en Iguala, se insiste en involucrarlos.

¡Cuidado!

Toque de Silencio

Mi solidaridad y respeto para el general Guillermo Almazán Bertotto y su apreciable familia.

Desde aquí un abrazo fraterno.

jibarrolals@hotmail.com
@elibarrol