Cadena de mando

Así o más claro

Son claras todas las señales de amenaza en este país. El intento de diferentes grupos (delictivos, sindicales, sociales) por enfrentar a la sociedad con las instituciones está rebasando el experimento, para convertirse en práctica cotidiana. La evolución de las actividades de la delincuencia organizada —que generan ganancias millonarias—, donde ya no solamente se trata del narcotráfico, ahora se convierte en otras que impactan en su totalidad a la sociedad. Otra señal es la suma de las ausencias de los gobiernos locales para otorgar a sus gobernados un poco de aquel sentimiento que se llama esperanza, para muchos desconocido, olvidado.

Las señales ahí están y, desafortunadamente, la incertidumbre nacional crece y crece, agarrada solamente de lo que pueden hacer las fuerzas armadas. Para el general Salvador Cienfuegos y para el almirante Vidal Soberón no hay espacio para errores; lo saben y es un hecho que la presión que se ejerce sobre ellos por parte del Presidente es grande. Sin embargo,  la presión más apremiante es la de los propios hechos que han amenazado, amenazan y amenazarán al país, de no encontrar mayores esfuerzos por parte de todo el Estado mexicano.

Sin lugar a dudas, las expresiones de distintos congresos estatales para reconocer al Ejército mexicano en su centenario son para el instituto armado motivo de satisfacción. Así las han recibido y no se desdeñan. El jueves pasado, el Congreso de la Unión hizo lo propio, recibiendo al secretario de la Defensa y a su alto mando. Se tenía programado para finales de septiembre; sin embargo por los embates de Ingrid y Manuel, se pospuso, lo que le dio un nuevo significado, debido a que una vez más se demostró lo que el Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea entregan a la gente cuando se encuentra en desgracia. Lo que no dijo en el recinto legislativo el general secretario es el incremento de necesidades que tienen las fuerzas armadas después de tanta ayuda prestada. Alguien dirá que para eso están. Y por supuesto que así es, solo que llegó el momento de tomar conciencia sobre lo que las distintas fuerzas de este país deben aportar para que su soldados de tierra, aire y mar —como se ha insistido mucho en este espacio— obtengan mayores y mejores beneficios para seguir desarrollando lo que saben hacer.

En su participación, al develar la placa conmemorativa en San Lázaro, el general Cienfuegos dijo que “los soldados y marinos de hoy tienen clara la elevada encomienda de continuar siendo pilar firme de la estabilidad, democracia y unidad nacional, y aspiran a seguir contando con la confianza que les otorga la ciudadanía”. Si no se entiende, habrá que explicárselo a los legisladores federales de otra forma.

Para quienes intentan contaminar la justicia militar sometiendo a un gran riesgo la disciplina castrense, el mensaje fue contundente cuando Cienfuegos señaló que “para robustecer este precepto (disciplina), las fuerzas armadas requieren de instrumentos legales apropiados, modernos y funcionales que garanticen su desempeño y den respuesta certera a las exigencias de nuestra sociedad y así afrontar las realidades actual y futura del país.

Las puertas de las fuerzas armadas están abiertas para todos los actores del desarrollo nacional. Lo que falta saber es si quieren entrar.

Cabo de Guardia y de Turno

La intención de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados, presidida por Miriam Cárdenas Cantú, diputada priista, que aprobó proponer ante
el pleno una reducción de más de 45 millones de pesos al presupuesto que se otorga a la Secretaría de la Defensa Nacional, se contrapone con las buenas intenciones.

No son los 45 millones. Dentro del presupuesto total, quizá es poca cosa. El punto es que cuando se conocen las necesidades presupuestales de un Ejército que necesita más recursos para hacer frente a las amenazas, no se puede entender que se quiera generar una liga directa entre reducir un presupuesto contra crear una cantidad igual para atender a defensores de derechos humanos solo porque, al entender de esta diputada, es el Ejército un violador sistemático de derechos humanos.

Habrá que recordarle a esta comisión que el porcentaje de recomendaciones que la propia CNDH emite al año es menor a 0.1 por ciento de las denuncias que recibe. En palabras de Raúl Plascencia, presidente de la CNDH, las denuncias contra las fuerzas armadas han disminuido este año más de 50 por ciento, mientras que las de Policía Federal van en aumento.

No se trata de ver quién es peor. Se trata de jalar parejo.

Así o más claro.

jibarrolals@hotmail.com @elibarrola