Cadena de mando

De "autodefensas" y ofensas

Los mensajes que se enviaron el pasado miércoles en el “Encuentro Nacional de Autodefensas” tienen origen en el interés específico de cada uno de los oradores que participaron en él. Ahora resulta que todos somos autodefensas y la “arenga” es a la “insurrección de las conciencias”, término extraído burdamente del llamado de Gandhi a los indios en los años cuarenta.

No existe un movimiento nacional de autodefensas, porque estos grupos no se encuentran presentes a lo largo y ancho del país. Lo que existe es la urgente necesidad de crear movimientos políticos, religiosos, sociales y hasta anacrónicos, como lo que pueda quedar del “zapatista”, que nunca se consideraron como autodefensas. Hoy, como hace 20 años, la facilidad que da la operación política en México abre el camino a oportunistas que llaman a que la conciencia sea insurrecta.

La realidad michoacana produjo, hace poco más de un año, que nacieran los grupos de autodefensa, que en realidad sirvieron para generar un autogobierno en los municipios “calentanos” de ese estado. La realidad del Presidente produjo su debilitamiento para dar paso a su “legalización”. La realidad del Estado de derecho, soportado en las fuerzas armadas, produjo que fueran soldados y marinos quienes llegaran a poner orden en Michoacán; no lo pusieron las autodefensas.

Poco queda de estos grupos; lo que queda es su inclusión a la policía rural, que no es lo mismo que los cuerpos de defensa rural del Ejército mexicano; de hecho valdría la pena revisar cuál es la figura institucional para darles esa categoría, ya que no hubo para ello decreto presidencial ni modificación de las leyes; ojalá no sea de “salivazo”. Lo que queda también son las múltiples ofensas que produjeron a las fuerzas armadas. Desde el hecho de retener a un general en Buenavista Tomatlán, hasta el enfrentamiento violento de la sociedad —azuzados por los propios grupos de autodefensa— hacia las tropas que se supone iban a defenderlos de los “malandros”. Desde creer que era a las fuerzas armadas a quienes se les debía exigir hasta creer que los grupos de autodefensa estaban al mismo nivel que los militares.

Las ofensas a las fuerzas armadas son resultado de crear operación política, en vez de aplicar la ley.

Hipólito Mora y José Manuel Mireles llegaron tarde a la foto con el gobierno, así lo quiso el propio gobierno y, para poner un ejemplo, hoy Mireles anuncia a los cuatro vientos que está a punto de perder la vida por balas desconocidas, mientras que Hipólito se anda vendiendo como un líder social que ya hizo historia. El primero ya está en decadencia ante propios y extraños, por lo que se antoja imposible que alguien atente contra él. Del segundo, dentro de un par de meses, ni quién se acuerde de su existencia. Los demás líderes e integrantes de estos grupos ahora son parte de la legalidad estatal de Michoacán, donde por supuesto sigue la acción de soldados y marinos para restablecer el orden perdido, aunque las medallas se las cuelguen otros.

Las ofensas históricas

Una de las mayores ofensas que ha vivido el Ejército mexicano fue hace 20 años, cuando Carlos Salinas declaró un cese al fuego contra el EZLN.

El primero de enero de 1994, el autodenominado “Ejército Zapatista de Liberación Nacional” buscaba que se le reconociera el estatus de “ejército”, hecho que nunca sucedió, debido a la recomendación del entonces secretario de la Defensa, el general Antonio Riviello Bazán, a Salinas de Gortari. Sin embargo, al declarar la mencionada amnistía, de manera indirecta, el ex presidente les otorgó esa categoría, no importando el papel en el cual dejó al Ejército mexicano con ello.

Vicente Fox, en vez de acabar con el tema zapatista en 15 minutos, como lo anunció en su campaña electoral, los dejó entrar a la Ciudad de México para que se pasearan como “ejército salvador”. Nunca se le perdonó.

El que se ofende ahora es Sebastián Guillén Vicente. Ya se cansó de ser una botarga, calificativo con el cual él destapa lo que siempre fue.

Pocos saben que en su declaración de guerra al gobierno de Salinas también —y así lo manifestó Marcos en su primer comunicado— los zapatistas la declararon al Ejército. Esta declaración de guerra sigue activa. En 20 años, ningún gobierno la ha cerrado. No son los militares quienes deben hacerlo; para muchos, los soldados son instrumento de la política.

Y ahí siguen aguantando.

Que no se confundan quienes crean que para eso están las fuerzas armadas.

 

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@elibarrola