Cadena de mando

Reto 2014

Las acciones de las fuerzas armadas en pro del país han tenido en los últimos años la gran confusión de hasta dónde las desarrollan independientemente de quiénes se encuentran —de paso— en el poder civil, es decir, hasta qué punto se involucran los militares con la clase política corriendo el riesgo de contaminarse con políticas de corto plazo o, bien, de intereses de grupo, mismos que no producen beneficios colectivos.

Soldados y marinos, de arma, ala, tropa y marinería, han jurado lealtad a México. El principal reto de ellos es lograr que ese juramento sea comprendido en función de que a México lo gobierna un presidente que, a su vez, es el comandante supremo de las fuerzas armadas y esa lealtad jurada se traduzca a lo que la institución presidencial determine, vía las políticas de la nación, con la característica particular de que éstas son aprobadas y dirigidas por civiles. No significa obediencia a ciegas, lo que sin duda debilitaría al instituto armado como ha sucedido con diferentes ejércitos en el mundo; significa generar una fortaleza institucional alrededor del Presidente, que les brinde la valía necesaria para que, en función de la estrategia política nacional, ellos empaten su conocimiento y acción en materia de defensa y seguridad nacional de acuerdo a lo que en el momento México requiere.

El reto 2014 se centrará en demostrar que las fuerzas armadas, a pesar de su compromiso con la institución presidencial, su lealtad y los resultados de ésta, son para México y los mexicanos. Lo injusto del reto será disociar dentro del colectivo nacional que, pasada la “luna de miel” que todo presidente tiene durante su primer año, llega la “cruda” y con ella, el señalamiento generalizado hacia todo lo que aqueja al ciudadano.

El reto de Salvador Cienfuegos y de Vidal Soberón no tiene precedente. No solamente se traduce a su compromiso y responsabilidad como secretarios de Estado estratégicos para el Presidente y todo su gabinete, se debe entender como el reto mayúsculo de lograr que sus subordinados tengan la garantía de que su relación y percepción con la sociedad no se deteriore de ninguna manera, producto de la política que mantiene el gobierno. Se traduce a que el instituto armado debe mantenerse en ese proceso de transformación y modernización que ambos secretarios iniciaron hace trece meses, logrando de ello que la sociedad lo entienda como una necesidad para los grandes retos nacionales.

No tiene precedente, porque este 2014 será un año por demás complejo, debido a que la sociedad no encuentra ni el cabo ni el rabo de la estrategia presidencial y, con ello, puede presentarse la confusión de cuál es la participación real y efectiva de las fuerzas armadas dentro de esa estrategia.

No tiene precedente debido a que la unidad entre soldados y marinos debe demostrar cuáles son los beneficios que reportan al país, independiente de los magros resultados que obtengan gobernantes de los tres niveles y funcionarios públicos. El reto 2014 debe demostrar que el ejemplo de coordinación y retroalimentación estratégica, operativa, académica y tecnológica no debe entenderse como una amenaza para las corporaciones de seguridad federal, estatal y municipal. Tampoco como un ejercicio de empoderamiento militar o como una velada incursión al poder político; el Presidente debe catapultar este ejemplo hacia sus fuerzas políticas, económicas y sociales.

La clase política debe quitarse el miedo de adoptar prácticas ajenas que le traen beneficios reales al país. Sin temor a dudas, la militar es la única en la que
el pueblo confía actualmente y no lo hace por el miedo de lo que representan, sino por los resultados obtenidos.

Las fuerzas armadas deben continuar con el reto de cosechar el acercamiento con la sociedad vía esa apertura en materia de relacionamiento y comunicación social. Deben continuar con la retroalimentación que durante todo el año pasado mantuvieron con los líderes de diferentes sectores y que demostrado está que no les restaron nada a los grupos de poder civil, solamente los pusieron en su justa dimensión.

El reto 2014 entre sociedad y militares queda en crear un camino donde los primeros no confundan que la obligación castrense no releva a las autoridades civiles de su responsabilidad, de ello, la presencia de soldados y marinos debe ser constante y permanente, adecuada a que la sociedad no transforme lo que recibe de los de uniforme en una exigencia subjetiva.

Las fuerzas armadas no van a permitir que la sociedad los perciba como un proyecto sexenal.

jibarrolals@hotmail.com  

@elibarrola