Cadena de mando

Recuento 2014

Este fue un año ambivalente en materia política y de seguridad interior. Como nunca, al comienzo de la segunda mitad de un sexenio, impactaron fuerte las acciones políticas en la seguridad de la Federación, de los estados y por supuesto de los municipios. La ambivalencia también estriba en la incapacidad de quienes nos gobiernan en los tres niveles para tomar las decisiones correctas que no afecten más a sus gobernados y a sus ámbitos.

El aprendizaje para el gobierno de la República fue que no se puede ocultar el Sol con un dedo. Para los ciudadanos, sin duda, la mayor lección en este año que termina es, cómo debemos sobreponernos como sociedad a temas como las autodefensas, estudiantes desaparecidos, o bien delincuentes muertos a manos del Ejército, sin que se pierda la objetividad de lo que realmente sucedió.

 

La seguridad interior:

El primer año de este sexenio (diciembre 2012- diciembre 2013) sirvió para adaptar a todo el gabinete en sus funciones, incluido el presidente Peña Nieto. A partir de hace un año se creyó que con ya no dar cifras en los medios de comunicación, ni mucho menos presentar imágenes, o bien lo que consideraron apología del delito, se iban a “calmar” las cosas. No fue así. La percepción en materia de la seguridad interior mexicana, manda un mensaje terrible al mundo.

En muchos países se tiene la creencia de que todo México es Ayotzinapa, o bien Michoacán.

 

Michoacán:

Al principio de 2014 la realidad en la Tierra Caliente del estado de Michoacán los tomó por sorpresa. La violencia producto de grupos delictivos y de otros que en la ilegalidad hacían la ley por su propia mano, lograron que todo se saliera de control y que por supuesto el mundo entero se enterara de lo que estaba sucediendo en el país de las grandes reformas constitucionales.

En este mes de diciembre que todavía no termina, tampoco terminaron los problemas para Michoacán. Sigue la violencia y los criminales quieren regresar por sus fueros. Las fuerzas armadas, nuevamente entraron en acción para volver a enfriar lo que ya habían dejado frío soldados y marinos a mitad de año.

Dos máximas persisten; la primera, la impresión y los mensajes que se envían tanto al interior como al exterior de nuestro país. La segunda, las fuerzas armadas actuando para solucionar lo que los gobiernos civiles no pueden.

 

Iguala, Ayotzinapa, Guerrero:

Todo se ha escrito. Todo se ha analizado; sin embargo, lo que falta, para que como sociedad podamos salir adelante con un tema tan delicado como el secuestro y homicidio de 43 jóvenes —más los que murieron la noche del 26 de septiembre— es entender dónde comienza la culpa y dónde la responsabilidad de lo sucedido esa fatídica noche.

Como sociedad no sabemos vivir con un duelo así. Para los diferentes grupos antagónicos al gobierno, la incapacidad social para entender un suceso tan aberrante, se convirtió en una fuerza que ganó todos los espacios de difusión y de impacto, es decir, lograron que se nos olvidara el dolor y el sufrimiento tanto de los estudiantes, como de sus padres, y lo único que se clamaba fue la justicia, aunque cuando ésta llegó, a nadie le interesó, nadie lo creyó.

Como ya no hay a quien culpar, ahora le toca al Ejército cargar con esa también. Le toca al Ejército cargar con los mitos que se han creado a su alrededor, solamente desde hace 101 años.

Nuevamente dos máximas: la primera es la imagen de México en todo el mundo, misma que parece que es de todo el país; la segunda, el Ejército recibiendo los madrazos que les da el “pueblo bueno”.

 

Tlatlaya y el mito:

Lo escribí en su momento y lo sigo sosteniendo, lo de Tlatlaya fue primero un enfrentamiento y después una ejecución.

El mito es que los 22 de Tlatlaya son igualmente comparables a los 43 normalistas. El mito es que a los de Tlatlaya los mataron los “soldados asesinos”, al igual que a los estudiantes. No significa que la vida de alguien tenga más valor que otra; sin embargo, los del Estado de México sabían muy bien los riesgos de dedicarse a lo que se dedicaban; en cambio, los estudiantes sabían que podían cometer ciertas fechorías que no traerían consecuencia alguna, y ya vimos lo que pasó.

Los de Tlatlaya se enfrentaron a tiros con los soldados. Así los recibieron.

El mito es que en Tlatlaya se estaba tratando de desaparecer a guerrilleros, cuando de lo que se trata es de reducir la inseguridad en el Estado de México.

 

Hasta aquí el terrible recuento de daños.

Un fuerte abrazo y feliz 2015.

 

jibarrolals@hotmail.com

@elibarrol