Cadena de mando

Programa para la seguridad nacional / Parte 1

La definición objetiva de lo que es e implica la seguridad exterior e interior para nuestro país se convierte en una gran herramienta para el Presidente de México. En la práctica falta mucho camino por recorrer en materia de seguridad; sin embargo, las acciones contra grupos criminales en la presente administración se han generado desde un conocimiento mayor sobre cómo afectarlos más.

El Programa para la Seguridad Nacional 2014-2018, publicado en el Diario Oficial el pasado miércoles 30 de abril, identifica cuáles fueron los antecedentes y cuáles son los factores de riesgo que originan la violencia y la delincuencia en nuestro país.

Una cosa es que se genere una tendencia social y mediática sobre la realidad de la seguridad pública en México y otra es que el gobierno la acepte y, de ahí, cree un plan de acción. Positivo sin duda.

El fenómeno que facilitó la penetración del crimen organizado a las instituciones de seguridad pública fue que éstas están poco estructuradas y poco profesionalizadas; también, el crecimiento de las organizaciones criminales tuvo lugar bajo un escenario de escasa coordinación entre los tres órdenes de gobierno, una creciente desconfianza entre corporaciones de seguridad y una relativa resistencia a la colaboración conjunta. De todo lo anterior, tal y como lo señala el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018, la actuación del crimen organizado en ciertas regiones de nuestro país “dejó de ser un fenómeno vinculado con el mantenimiento de la seguridad pública, para convertirse en un tema de seguridad interior”.

El Programa para la Seguridad Nacional (PSN), más que un documento valioso, se convierte en la ruta que inserta el concepto de seguridad nacional en el diseño de las políticas públicas de nuestro país, lo que en verdad es necesario para empatar las fortalezas que pueden otorgar quienes integran el actual gabinete de seguridad. A partir de ello, se podrán atender problemáticas de naturaleza diversa a las estrictamente relacionadas con actos violentos que vulneran los derechos fundamentales de la población mexicana. Dentro del urgente restablecimiento de la tranquilidad y seguridad de los ciudadanos, a través del combate a toda manifestación de violencia y delincuencia de alto impacto, el PSN transitará hacia un modelo de seguridad nacional más amplio, de justicia e inclusión social, de combate a la pobreza, de educación con calidad, de prevención y atención de enfermedades, de equilibrio ecológico y protección al ambiente, de promoción del desarrollo económico, social y cultural, así como de seguridad en las tecnologías de la información y la comunicación.

Otorgar a la seguridad nacional un “carácter multidimensional” es el mayor reto con el que se encontrarán las fuerzas armadas. Aun y a pesar de la coordinación federal en este sentido, las diferentes dependencias, Segob, PGR, Policía Federal, y por supuesto los gobiernos estatales y municipales deberán permear hacia abajo (funcionarios, mandos policiacos, regidores, etcétera) la importancia de poner en marcha el PSN, toda vez que no basta con identificar y proponer. El Ejército y la Marina Armada han avanzado mucho con sus programas sectoriales de defensa nacional; sin embargo, el éxito de los resultados, producto de la reacción de las fuerzas armadas, no depende solamente de las capacidades y las habilidades de soldados y marinos, ya que ellos enfrentan específicamente fenómenos peligrosos que han crecido, precisamente, por una falta de coordinación de los tres niveles de gobierno, tal y como lo reconoce el Plan Nacional de Desarrollo actual. De nada sirve recuperar espacios en manos de la delincuencia si no existen programas sociales que permitan mantener libres de violencia e inseguridad a éstos.

No será la presencia de soldados y marinos lo que lleve, a una comunidad, a un desarrollo óptimo y funcional, ya que ni la Sedena ni la Semar tienen presupuesto ni capacidades jurídicas para hacerlo. Cuando llegan brigadas militares de sanidad, alfabetización, reforestación, etcétera, la gente que recibe la ayuda les reclama por qué no envían más personal, como médicos, peluqueros, ingenieros, maestros, y en muchas ocasiones hasta llegan a pedir curas (capellanes), ya que los primeros que salen corriendo de muchas localidades en conflicto son los ministros de culto.

Las fuerzas armadas continuarán realizando operaciones para reducir la violencia, coordinando esfuerzos de manera conjunta entre dependencias; erradicarán la producción intensiva en áreas de mayor cultivo de enervantes; intercepción, para inhibir el tráfico de armas, drogas y personas; e incrementar la seguridad de las instalaciones estratégicas nacionales.

Solo falta que los poderes Legislativo y Judicial comprendan correctamente que las necesidades de las fuerzas armadas son directamente proporcionales a las de la sociedad.

jibarrolals@hotmail.com

@elibarrola