Cadena de mando

Orden social y fuerzas armadas

Al cierre del primer bimestre de este año, las señales de alerta indican que la gestación de un nuevo orden social en nuestro país es inminente.

Nadie en el gobierno se ha dado cuenta de cómo las sociedades son por naturaleza aspiracionales y por tanto se mimetizan, y en estos tiempos, para el caso de muchos mexicanos, la mimesis que enfrenta a la autoridad es cotidiana.

Las organizaciones delictivas en Michoacán, Jalisco y Guerrero han logrado convertir la lucha criminal en social y de ahí que ya hasta estén legalizadas. Estos grupos han comenzado a demostrar su verdadera naturaleza, insistiendo en hacer justicia por su propia mano, como es el caso de Apatzingán. De lo anterior, se debe tomar en cuenta que, al dejarlos crecer y funcionar, el orden social local cambiará de manera definitiva y, de conseguirse, otros estados lo tomarán como ejemplo.

Las marchas de adhesión a El Chapo Guzmán, llevadas a cabo en Culiacán, demuestran que el cártel de Sinaloa comprende correctamente la importancia de crear base social. Si bien no se puede asegurar que todas las personas que asistieron a esas marchas son o fueron beneficiados por El Chapo, el hecho es que estuvieron ahí en un franco y cínico desafío no a la autoridad municipal ni estatal, sino a la federal. Aquí también existe un ejercicio social que han aprovechado muy bien los cárteles de la droga específicamente.

El caso del secuestro del auditorio Justo Sierra (Che Guevara) de la UNAM sustenta cómo el orden social interno de la universidad genera ejemplos terribles hacia otras latitudes. Lo que debiera ser un espacio público estudiantil para exponer y debatir ideas se ha convertido en propiedad de un grupo de estudiantes que ya no tienen ni las credenciales.

De los ejemplos mencionados, lo que encontramos como principal objetivo de quienes organizan estos hechos, fenómenos, acciones, o como quiera llamársele, es que se desconozca a la autoridad; es la imposición y destrucción del orden establecido, situación que se logra de manera exitosa cuando existe una ausencia de la propia autoridad.

¿Este nuevo orden social se nutrirá del propio debilitamiento del Estado mexicano?

Específicamente para las fuerzas armadas, como garantes del orden social y por supuesto de la marcha óptima del Estado, la propuesta de los senadores para que los militares de tierra, aire y mar sean juzgados en tribunales civiles —de aprobarse— se convertirá, más que en el error más grave de esta legislatura, en la antesala del debilitamiento de las instituciones nacionales.

¿Qué clase de fuerzas armadas quiere este país dentro de 10 años?

Si se le pregunta a un militar qué autoridad prefiere que lo juzgue, sin duda dirá que la civil. La razón es muy simple: la corrupción de los ministerios públicos, de los juzgados, la propia laxitud de las leyes y un sinfín de cosas más harán que, cuando un juez civil juzgue a un militar, sus oportunidades de salir bien librado, a pesar de su culpabilidad, sean mayores que si lo juzgara la autoridad castrense.

Ese mito llamado “fuero militar” se está convirtiendo en la punta de lanza para provocar que a los soldados se les lleve a juicio civil cuando se supone que cometan delitos de ese orden. Bajo las actuales necesidades de seguridad del país, los militares desarrollan acciones que por supuesto tienen base y fundamento en lo civil; sin embargo, lo que refiere la legislación militar como “fuero” es específicamente de “guerra”, es decir, cuando se encuentre el país en esa situación, el uso legítimo de la fuerza se amparará en ese fuero, mismo que no significa no castigar abusos; al contrario, se aplica una ley que ningún civil podría tolerar debido a lo radical de su aplicación.

Para el caso de las acciones realizadas en materia de seguridad pública, lo que se debe entender es que los soldados tienen un estatus militar aun y cuando desarrollen tareas que corresponden a los civiles, aunque los excesos se castigan de acuerdo a lo que corresponde en el fuero militar —aquí sí aplica el término—, donde lo que nunca debe relajarse bajo ninguna circunstancia es la disciplina con la que se conducen.

¿Qué pasará, por ejemplo, cuando ya no rescaten los soldados a 43 personas, como sucedió ayer en Reynosa, Tamaulipas? ¿Qué pasará cuando el Ejército ya no quiera tomar la seguridad de un municipio, como Huandacareo, en Michoacán?

¿Qué pasará cuando sabedores de que los protege la flexibilidad de las leyes civiles, entonces sí, comiencen a cometer verdaderos abusos?

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@elibarrola