Cadena de mando

Monte Rubido y la seguridad en los estados

La designación de Monte Alejandro Rubido García como nuevo comisionado de seguridad nacional es, sin lugar a dudas, una buena noticia. No se sacó la “rifa del tigre”; en su caso, tiene toda la experiencia para poner en marcha mucho de lo que no se ha hecho en materia de seguridad. Tiene el oficio y el ánimo para generar una mayor relación y coordinación con todo el gabinete de seguridad.

Rubido no tiene el afán de protagonismo que su antecesor manifestaba un día sí y otro también. Manuel Mondragón y Kalb nunca entendió que no estaba al nivel de los secretarios de Estado o del procurador general de la República. Ahora el nuevo comisionado deberá generar los lazos que nunca llegaron a madurar entre la Comisión Nacional de Seguridad y las secretarías de la Defensa y de la Marina, así como con la PGR.

La urgencia por entregar resultados a la sociedad en materia de seguridad es impostergable. Rubido debe lograr que la gente perciba que existe una estrategia propia y a la vez alineada con las acciones permanentes de las fuerzas armadas, que, aunque en teoría debe ser la misma, en lo que concierne a la Policía Federal pareciera que desde hace 13 meses traen una agenda aparte.

La limpieza profunda en la Policía Federal no se reduce solamente a los malos elementos que existen desde los tiempos de García Luna; se debe centrar en la remoción de los mandos (operativos y administrativos) puestos por Mondragón y Kalb, quienes sin mayor experiencia creyeron que la seguridad del país es igual a la del Distrito Federal; la falta de resultados es el mejor ejemplo. Otro ejemplo es la falta de liderazgo y de impacto positivo de los recomendados de Mondragón entre sus subalternos de todos los niveles.

A diferencia de lo que muchos creen, el comisionado nacional de seguridad no debe ser un elemento mediático, debe ser efectivo y por supuesto contundente.

Otro reto mayúsculo de Rubido García es llevar a buen puerto la Gendarmería Nacional. Todo indica que el nuevo comisionado comprende correctamente la necesidad de que esa nueva fuerza armada deba tener una administración civil con una formación militar.

Todas las gendarmerías o policías nacionales del mundo así se constituyen y la razón es simple. Si no se origina desde el “espíritu de cuerpo” para darle valor y sentido de pertenencia a los nuevos gendarmes, se corre el riesgo de que se corrompan fácilmente; si no se genera una ruta profesional —idéntica a la militar—, no se podrá retener a los elementos contratados. Si no se basa su actuación en una verdadera cadena de mando —idéntica a la militar—, lo primero que no tendrán será lealtad ni disciplina.

A pesar de que ya se tiene la primera generación de gendarmes (aproximadamente 5 mil), quienes egresarán de la Academia de la Policía Federal, éstos pasarán a ser una séptima división de la PF.

La creación de una gendarmería nacional efectiva y exitosa servirá para que muchos gobernadores de este país encuentren un verdadero apoyo para resolver lo que claramente no han podido.

La creación de una gendarmería nacional efectiva y exitosa será la respuesta a las voces que insisten en que los militares regresen a sus cuarteles.

Por lo pronto, seguirán en las calles.

CABO DE GUARDIA Y DE TURNO

Persiste en nuestro país el experimento de la “lucha social” contra las autoridades.

Lo sucedido el pasado miércoles en Oaxaca, donde estudiantes “normalistas” tomaron por asalto un centro comercial, destruyendo, arrasando y robando todo lo que encontraron a su paso, es una muestra inequívoca del miedo que tiene la autoridad por enfrentar a los grupos sociales. No hubo detenidos ni denuncias. La policía estatal solamente se presentó hasta que llegó el apoyo de la federal. Fuentes locales revelaron a este espacio que se quería pedir la presencia del Ejército mexicano. ¡Qué bueno que no les hablaron!

Tabasco es un ejemplo claro, al cumplirse casi una semana sin que ese estado de la República cuente con seguridad por parte de su corporación estatal. La demanda es la salida del general Audomaro Martínez como secretario de Seguridad Estatal.

El Estado de México también tiene su propio “infiernito”. Curiosamente los medios de comunicación le han dado vuelo a los graves problemas de inseguridad que viven los mexiquenses. Lo que es un hecho es que, tanto en el oriente como en el poniente del estado, la policía estatal brilla por su ausencia.

Se sigue solicitando la presencia del Ejército en los estados.

jibarrolals@hotmail.com

@elibarrola