Cadena de mando

Mezquindad a las fuerzas armadas

No causa sorpresa el impacto social que ha tenido la detención de Joaquín Guzmán Loera. Los niveles de confianza hacia el gobierno son tan bajos que el escepticismo al respecto se convirtió en algo tan abusivo como hilarante.

Entonces, no puede ser mezquindad cuando a partir del sábado la gran mayoría de las manifestaciones (medios, redes sociales, vox pópuli, etcétera) disuelve el peso específico de lo que significó terminar con ese mito-realidad transexenal llamado “Chapo Guzmán”. Los esfuerzos del gobierno de la República por acreditar este operativo como una acción integral del propio gobierno fueron debilitados por la actitud, tanto del gobierno americano como la de medios de comunicación y seudoexpertos gringos en temas de narcotráfico. Todo lo anterior también era previsible, debido a que dentro de la relación de “cooperación” histórica que se ha tenido con ellos siempre ha sido así.

La mezquindad comienza a partir de que distintos “opinadores” quieren echar a pelear a marinos y soldados por el éxito de estos últimos, con la captura de El Chapo; sin comprender que, al hacerlo, no se debilita la relación entre ellos, no se debilita ninguna de las dos instituciones; al contrario, se contamina más lo que el gobierno no quiere que se contamine.

Se han publicado análisis donde, a partir de la detención de Guzmán Loera, se intenta rememorar los tiempos del almirante Saynez; que si bien ha pasado poco tiempo de que terminó su gestión al frente de los navales, esta era solo le corresponde a Vidal Francisco Soberón Sanz. Es injusto para la Marina Armada de México y para el grupo especial de la Infantería de Marina, que participó físicamente en el operativo, utilizar este hecho como una oportunidad para enrarecer un proyecto de unidad institucional entre soldados y marinos que ha sido generado desde sus altos mandos para encontrar en primer lugar los beneficios de una excelente relación y en segundo lugar obtener mayor eficacia en las acciones que desarrollan ambos, tanto de manera individual como conjunta.

Por su parte, el Ejército mexicano aplaude y reconoce los logros obtenidos por sus “primos” en Mazatlán el pasado sábado. Cabe destacar que en el desayuno ofrecido ayer en las instalaciones de la Semar para celebrar el día del Ejército, los lazos entre ambos fueron más que refrendados.

Desde un análisis profundo y objetivo, los riesgos de tener una fuerza armada dividida resultarán en graves impactos para el país, para la sociedad y por supuesto para el gobierno. La realidad del país a partir de diciembre de 2012 necesita de la unidad verdadera que tienen proyectada el general Salvador Cienfuegos y el almirante Vidal Soberón, misma que va acompañada de una real y sincera amistad entre ambos.

Quien insiste en los beneficios presupuestales que obtendrá la Marina Armada con este “madrazo” asestado al cártel de Sinaloa desconoce que los marinos —al igual que los soldados— reciben solamente lo que los legisladores autorizan; no hay más dinero que el autorizado a las fuerzas armadas para el ciclo 2014. El año entrante es electoral y está de más dilucidar hacia dónde se irán los dineros del gobierno.

Por cierto, llamó mucho la atención ver a don Manuel Mondragón y al comisionado general de la Policía Federal Enrique Galindo Ceballos ir detrás del detenido para después abordar el helicóptero donde se le transportó del hangar de la Marina hacia el penal federal del Altiplano.

¿Así lo ameritaba la ocasión?

¿O querían salir en la foto?

CABO DE GUARDIA Y DE TURNO

La coincidencia entre militares y policías es que ambos provienen del pueblo.

La diferencia real entre la tropa y la marinería contra los cuerpos policiacos radica principalmente en la convicción que se tiene por desempeñar sus labores. Para la gran mayoría de los soldados de tierra, aire o mar, el “espíritu de cuerpo” los lleva a cumplir con disciplina y cabalmente la orden recibida. Para la gran mayoría de quienes integran a las policías en nuestro país, la disciplina pasa a otro lugar; lo principal es cobrar sus sueldos y si en su actividad encuentran un “extra”, pues mejor.

Otra de las diferencias entre soldados y policías es a quién le rinden cuentas. La legislación militar castiga terminantemente los excesos y abusos. La policía se atiene a las leyes civiles.

Sigue el riesgoso debate en la Cámara de Senadores por modificar la ley militar. No se dan cuenta los legisladores de que, al avanzar en esas posibles modificaciones, la amenaza será relajar esa disciplina.

Después que no se quejen.

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@elibarrola