Cadena de mando

México no es la excepción

Las instalaciones militares del país pertenecen al Estado mexicano; pertenecen a todos los ciudadanos. No por ello, han estado, están o estarán a merced de grupos violentos o con intereses particulares por encima de los colectivos.

Las fuerzas armadas representan el uso legal de la fuerza para cualquier forma de gobierno en el mundo y México no es la excepción. Los ejércitos del mundo preservan la soberanía y el estado de derecho; México no es la excepción.

La manera como se percibe a las fuerzas armadas en casi todo el planeta ha evolucionado de manera significativa, tanto que no se pone en entredicho su lealtad y disciplina. México no es la excepción. Han sido Sedena y Semar las que han desarrollado planes de relación con la sociedad que, aunados a las acciones de apoyo a la población en casos de desastre y la intensa lucha contra la delincuencia, provocan una gran confianza ciudadana.

En la gran mayoría de los países del mundo cualquier líder político sabe que vulnerar a sus militares es vulnerar al Estado mismo.

Aunque algunos no lo crean así, el México de los años 70 no existe más. En ese entonces, los grupos violentos y subversivos no afectaban al pueblo; se supone que lo representaban y apoyaban, por lo que ahora es aberrante que pretendan el cuento de que son luchadores sociales, como la Ceteg o el ejército de liberación nacional o el ERPI; así como también llaman la atención los políticos e intelectuales que se dicen de “izquierda” —que comen en los mejores restaurantes, con buenas casas y mejores camionetas, protegidos por escoltas— y que solapan y fomentan cualquier tipo de afectación al pueblo y al Estado.

El México donde la represión y la persecución eran la constante ha dado paso a uno donde quien reprime y persigue es quien antes era reprimido y perseguido; cosas de la democracia, dicen por ahí. Ya se olvidó que el 12 de diciembre de 2012 murió un trabajador de una gasolinera en Chilpancingo, a la que momentos antes le prendieron fuego los estudiantes de la normal de Ayotzinapa. Los liderazgos en Guerrero ni representan a estudiantes ni mucho menos al pueblo; peor aún, afectan a ambos de manera terrible.

¿Dónde queda la responsabilidad de esos liderazgos en la suerte que corrieron los 43 jóvenes asesinados?

¿Qué ganaba el Ejército o la Marina con ser partícipes en su desaparición y muerte?

No es necesario entrar a las instalaciones militares. Los soldados, andan en las calles protegiendo al país de todos los horrores que produce.

 

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@elibarrol