Cadena de mando

Mentiras contra el Ejército

La semana pasada pregunté en este espacio qué pasaría si tuviésemos unas fuerzas armadas como las que grupos como la Ceteg insisten en que tenemos, es decir, un Ejército, una Marina Armada y una Fuerza Aérea que abusan de manera sistemática, que dirigen sus armas contra el pueblo, al que protegen y procuran. Unas fuerzas armadas traidoras a su patria y que tienen responsabilidad en cada acción que gobiernos estatales y municipales emprenden, por ejemplo, para controlar o bien reprimir manifestaciones públicas, donde cabe decir que quienes las organizan ya encontraron en la violencia el modus operandi.

Tlatelolco —hace 46 años—, lo ha sabido pagar el Ejército.

Hay grandes confusiones e ignorancia total con Acteal o Aguas Blancas, ya que no fue el Ejército el que participó en esos hechos. Ahí fueron corporaciones policiacas y grupos de poder locales.

El Jueves de Corpus en 1971, fueron agentes de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad y de la PGR.

En Atenco, fueron policías del Estado de México, es decir, fuerzas estatales y también la policía municipal de Atenco. Los militares no tuvieron ninguna presencia o participación.

Lo sucedido en Iguala con los estudiantes desaparecidos fue una acción de la delincuencia organizada, convertida en autoridad de gobierno municipal (Iguala-Cocula) que secuestró, mató y desapareció los cuerpos de los jóvenes. En este espacio informamos, antes que ningún otro medio de comunicación, sobre la reunión que sostuvieron, el domingo 28 de septiembre pasado, con el comandante del 27 Batallón de Infantería con sede en Iguala los padres de 56 estudiantes que hasta ese momento se encontraban desaparecidos. Fueron a pedir ayuda y apoyo, los que sin duda les brindaron. ¡Sí! El 27 de Infantería es el mismo que meses después intentaron tomar por la fuerza quienes se dicen padres de los desaparecidos.

Debe entenderse de manera correcta que la acción del Ejército o de la Marina no puede ser contra el pueblo. Nuestro momento no es el de Argentina en los años 70; mucho menos el de Centroamérica en los 80. Las fuerzas armadas mexicanas no son como las que tienen los gobiernos inestables de África.

Tlatlaya no fue un acto contra el pueblo; más bien, de inicio, fue la atención a un llamado de la sociedad sobre la realidad delictiva que priva en esa parte del Estado de México. Al final, el enfrentamiento terminó en la ejecución de los delincuentes.

Tlatlaya no fue contra el pueblo.

No mientan.

Cabo de Turno

Un profundo agradecimiento al teniente coronel médico cirujano retirado Luis Emilio Medina Malagón.

 

jibarrolals@hotmail.com

@elibarro