Cadena de mando

Tlatlaya: caso cerrado

No solamente se trata de que estés en un enfrentamiento, se trata de hacerle frente y no perder la vida". Lo anterior lo comentó a este espacio un oficial de fuerzas especiales del Ejército mexicano, quien lleva en su haber una cantidad considerable de enfrentamientos contra delincuentes y quien ha recibido seis balazos en su cuerpo al hacerlo.

Cuando suceden hechos de violencia entre fuerzas armadas y delincuentes, pocas veces se repara en el hecho de que los militares exponen definitivamente su vida. Los delincuentes en su gran mayoría, cuando se enfrentan a las fuerzas del orden, lo hacen bajo el efecto de alguna droga; lo hacen convencidos de que la vida no importa.

Las familias de los "mañosos" no reclaman los cuerpos; pocas veces dan la cara para exigir al gobierno que les repare el daño.

El soldado o marino tiene la convicción de que, al enfrentar delincuentes, lo que está privilegiando es la seguridad de la sociedad y, por supuesto, al militar le importa su vida; sin embargo, tiene el adiestramiento y la disciplina para salvaguardar al máximo su integridad física, su vida, ¡pues!

No faltarán las voces que hablen de Tlatlaya al cumplirse el próximo jueves dos años de que se dieron los hechos. En ese punto —olvidado por años— del Estado de México, la gente vive tranquila desde que el 102 Batallón de Infantería patrulla y vigila la zona. El principal temor de quien vive allá es que se vayan los soldados, ya que saben que en ese momento la delincuencia regresará para hacer de las suyas, tal y como lo hacían los 22 delincuentes que murieron esa madrugada del 30 de junio.

Tlatlaya es un caso cerrado, desde el punto de vista jurídico. Lo que sigue impune es el dinero entregado a diversas organizaciones como el Centro Miguel Agustín Pro DH, ya que, al no haber responsabilidad por parte del Ejército en materia de violación de derechos humanos, homicidio, abuso de autoridad, modificación de la escena del crimen y todo lo que intentaron fabricar como pruebas para incriminar a los militares, deberían regresar el recurso entregado. Ese dinero lo dio el gobierno, es decir, es dinero que todos los mexicanos pusimos.

Sigue impune restituir el tiempo perdido, el daño moral, físico, económico y social contra los militares que fueron señalados. El daño familiar es terrible. Las familias de estos soldados son las verdaderas víctimas colaterales de estos hechos.

Cumplían los soldados esa madrugada con su deber.

Los 22 delincuentes conocían los riesgos de su actividad.

Los soldados les hicieron frente a los agresores.

Los delincuentes perdieron la vida.

Caso cerrado.

jibarrolals@hotmail.com
@elibarrola