Cadena de mando

Leones por corderos

Si en este país el combate a la delincuencia se sigue manejando desde la retórica del discurso político, las cosas seguirán empeorando. Si no se entiende que, a pesar de lo que las encuestas indican, a lo que deben llegar las estrategias de seguridad municipal y estatal es a reconocer la magnitud del problema.

A 18 meses de la actual administración, lo que se debe tomar en cuenta es que no basta con enviar a las fuerzas armadas a resolver en estados y municipios lo que las autoridades civiles ya no pueden enfrentar. ¿Por qué? Los grupos criminales actúan con la seguridad que les brinda la colusión de policías estatales, municipales y ministeriales. Actúan impunemente con la tranquilidad que les otorga la incapacidad e indolencia y en muchos casos, también, la corrupción de directores de Seguridad Pública, de Tránsito y por supuesto de procuradores estatales. Sin victimizar a gobernadores y alcaldes, muchas veces éstos quedan atados de manos al no poder confiar ni siquiera en su primer equipo de seguridad, y es aquí donde el porqué se convierte en el cómo.

Las fuerzas armadas han demostrado que, cuando existe voluntad por parte de quien necesita la ayuda, los resultados tienen un efecto permanente. En su momento, los altos mandos militares y navales les han vaticinado a los gobernadores lo que sucederá si la estrategia no es coordinada. Tamaulipas y Michoacán son el mejor ejemplo.

Cuando existe voluntad política para reconocer que solamente con una verdadera coordinación de todas las fuerzas del Estado se puede abatir o disminuir la delincuencia, entonces los resultados comienzan a darse, y no como un paliativo donde al final del día los criminales regresarán por sus fueros a los espacios supuestamente recuperados.

Nuevo León es un claro ejemplo de cómo se puede enfrentar de manera firme los fenómenos delictivos. Entre 2009 y 2012, este estado del norte del país tenía los más altos niveles de homicidios en México; la inseguridad y la violencia mantenían a los neoleoneses sometidos, tanto que basta recordar la gran cantidad de personas que comenzaron a emigrar a otros estados o de plano al extranjero. En su momento el gobernador Rodrigo Medina comprendió que si no ponía en práctica una estrategia integral —diseñada por el Ejército mexicano— que demostrara no solamente la realidad estatal, sino también que señalara y exhibiera a funcionarios corruptos, alcaldes rebasados, el miedo y la apatía de empresarios y, por otro lado, la importancia de sumar al ciudadano de a pie en verdaderas campañas de denuncia, las cosas seguirían igual.

Medina se rindió ante la realidad terrible de su estado. Comprendió correctamente que en la práctica no se puede tener de manera permanente a grandes contingentes ni de las fuerzas armadas ni de policía federal; en la práctica, lo que necesitaba Nuevo León era crear desde cero cuerpos policiacos que fueran capaces de enfrentar las necesidades. Al rendirse, Rodrigo Medina aceptó y apoyó las recomendaciones que los militares sugerían. Comprendió que, cuando entra en acción un despliegue militar, debe soportarse en la confianza plena y en la contribución de todos los actores sociales. Resultados y ejemplos están ahí. Otros debieran seguirlo.

El gobierno del Distrito Federal anunció el miércoles por la mañana la participación coordinada de Ejército, Marina, Policía federal y PGR con la policía capitalina para realizar operativos y patrullajes en distintos puntos de la ciudad capital. Horas después, el procurador Rodolfo Ríos Garza reviró lo anunciado, señalando que la participación de las fuerzas federales se limitaba solamente a un intercambio de información. ¿Por qué el cambio de señal? Será que el miedo al impacto político y social de tener que apoyarse en las fuerzas armadas puede más que los altos niveles de violencia e inseguridad que viven los capitalinos.

La realidad de la inseguridad en todo el país debe hacer comprender a gobernadores, jefe de Gobierno y alcaldes que el discurso y las encuestas ya no le son suficientes al ciudadano, y ahora más que nunca, ya que estamos en la antesala de elecciones intermedias.

Debe existir voluntad y, cuando en ella el soporte son las fuerzas armadas debe quedar claro que no se puede enviar leones esperando que sean corderos.

Cabo de Turno

El pasado miércoles la embajada de México en Brasil impuso la orden al mérito naval en su graduación de gran oficial al almirante Vidal Francisco Soberón Sanz, secretario de Marina.

Las relaciones entre las fuerzas armadas de México y Brasil tienen en el coronel Helio Fernando Rosa de Araujo, agregado de Defensa, Militar, Naval y Aéreo, más que un representante, a un amigo.

 

jibarrolals@hotmail.com

@elibarrola