Cadena de mando

Lealtad a toda prueba

Entre civiles y militares la interpretación y puesta en práctica de valores los hace seguir rutas de vida y profesionales distintas. En ninguno de los dos casos, es errada la forma, más bien es natural que así sea. A los civiles se nos enseña que la lealtad es hacia las personas, mientras que a los militares se les enseña, antes que nada, que es con México. Los soldados encuentran en su institución armada las fortalezas para demostrar lealtad, valor y disciplina. Los civiles encuentran en las instituciones las debilidades necesarias para ser leales a ellos mismos o bien a proyectos políticos. A los militares habrá que sumarles su lealtad al Presidente y a las instituciones del país.

Lo complejo de la lealtad radica precisamente en lo sencillo que se vuelve incumplirla. Las fuerzas armadas han llevado a cabo la legalización de los grupos de autodefensa aun y a pesar de que no se puede asegurar cómo van a responder y comportarse ante esa legalidad prometida al gobierno de la República. No son los líderes de estos grupos los que se están registrando como parte de los cuerpos de defensa rurales o bien de las policías municipales; lo que los líderes están haciendo en realidad es negociar con el comisionado Castillo ventajas políticas y sociales para ellos mismos, no para sus representados ni para sus municipios, mucho menos para Michoacán. Entonces, de entrada no hay lealtad.

Los intereses de los líderes de estos grupos se han dividido de manera tal que José Manuel Mireles Valverde
—quien fuese principal exponente mediático de estos grupos— ya está fuera de la jugada por “desleal”, circunstancia que él debe interpretar también como una deslealtad de su grupo. Quienes se están insertando a la “legalidad” no han tomado en cuenta que, al pertenecer a una institución o fuerza del Estado, en automático deben atenerse a la ley. Si cometen abusos, se les llamará a cuentas. Se corre el riesgo de convertirse en violadores de derechos humanos. ¡Cuidado!

Si la estrategia del gobierno es en función de dividirlos para vencerlos, entonces habrá que aplaudirles; si no, ¡cuidado! Se revertirá en el desarrollo de un ente insaciable. En medio, los soldados siempre leales. Que no se olvide.

Por otra parte, la lealtad al presidente Peña Nieto por parte del procurador Murillo Karam y del comisionado Castillo se está poniendo a prueba con el tema Michoacán. Alguien dentro del equipo presidencial ha generado una corriente de opinión en el sentido de los grandes conflictos que existen entre ambos. Las lealtades al Presidente deben revisarse de manera urgente, ya que dos actores principales como ellos, ni en apariencia ni en papel, deben estar divididos. Enrique Peña Nieto sigue con una piedra en el zapato que se llama “inseguridad”; por tanto debe apoyarse —para encontrar soluciones tangibles— en la lealtad de su primer equipo, aunque sea para la supervivencia política de cada grupo, de cada integrante. Los soldados seguirán ahí, con la persona que gobierne, con el grupo de esa persona, así, leales. Que no se confunda.

Mañana domingo se celebra el 101 aniversario de la Marcha de la Lealtad, misma que no necesita fundamentos para convencer a nadie. Las fuerzas armadas no detienen su lealtad en el desvío político-mediático que tiene el tema Michoacán en la presunta relación de una senadora con Los Caballeros templarios. Iris Vianey Mendoza no es Michoacán, ella no es la causa ni la solución a los graves problemas que tienen los municipios de Tierra Caliente y de la Meseta Purépecha. La senadora con licencia solamente será leal a ella misma. Sabe bien que al final del día la dejarán sola si es culpable de “portación de amigos incómodos” y si fuese inocente, también lo harán.

La clase política no debe poner a prueba la lealtad que le guardan al Presidente.

La clase política no se da cuenta de que nada ganan poniendo a prueba la lealtad de los militares.

CABO DE TURNO

A finales de febrero el almirante de C.G. DEM. José Santiago Valdés Álvarez recibirá en Washington, D.C., un honroso reconocimiento por parte de la National War College, que pertenece a la National Defense University.

El almirante Valdés cursó en 1994 una maestría en dicha institución y por sus logros militares se le distingue, siendo el primer marino de guerra mexicano en recibirlo.

La lealtad de la Marina Armada de México está más que probada.

Que no haya duda.

jibarrolals@hotmail.com

@elibarrola