Cadena de mando

Lealtad institucional

Que México vive una crisis institucional es cierto. Que el Presidente estaba completamente solo hasta por lo menos mediados de esta semana que termina también es cierto. Sin duda, la presentación del operativo en Tierra Caliente de Guerrero, Michoacán y Estado de México vino a sumar a la necesidad de un presidente que requiere de toda la fortaleza que le pueda brindar su gabinete. Miguel Ángel Osorio Chong, Monte Alejandro Rubido, los gobernadores mexiquense, guerrerense y michoacano se sumaron al apoyo y al proyecto federal de poder tomar el control en municipios cuando se requiera, sin que a nadie se le haga raro. Así se difundió en medios de comunicación.

Segob se lleva las palmas, aunque sean Sedena y Semar las que se peguen la “chinga” de recuperar —nuevamente— los espacios perdidos que ya una vez recuperaron para los civiles y que —nuevamente— los propios civiles dejaron perder para convertirlos en algo peor de lo que ya eran.

Para el general Salvador Cienfuegos y el almirante Vidal Soberón, la lealtad institucional va más allá de lo que ellos —y el instituto armado— fortalecen al Presidente. La lealtad de los soldados de tierra, mar y aire también se enfoca en las necesidades que un gobernador o un alcalde requieran; el problema es que pocas veces se les hace caso. Cuando se hizo caso a los militares, se produjeron ejemplos exitosos como la recuperación de ciudades como Tijuana o estados completos como Nuevo León, Tamaulipas, Veracruz y Coahuila.

Hoy son muchas las voces que piden una intervención más radical por parte de las fuerzas armadas, sin embargo, éstas no pueden actuar con base a un proyecto personal, como es el caso de muchos secretarios de Estado, quienes tienen su agenda alterna a la del Presidente. No se debe confundir lealtad con “sumisión”, ya que son dos cosas completamente distintas. La lealtad de soldados y marinos es en primer lugar con México y su población, después con el instituto armado para, de ello, generar una fortaleza que le brinde al gobierno una lealtad institucional como nadie en el gabinete.

Si las medidas anunciadas el jueves 27 de noviembre en Palacio Nacional necesitan rumbo, coordinación y comandancia para que se hagan realidad, sin duda tendrán que llamar a los militares para que les den el orden correcto.

Esa lealtad que demostraron los secretarios de Defensa y de Marina el miércoles pasado en Iguala y al día siguiente en Acapulco debe hacer entender al Presidente y a sus asesores que las recomendaciones y el aval militar serán de gran valía solamente para lo que falta de un sexenio, que ya se antoja, más que difícil, terrible.

Sí hay respuestas y acción en las fuerzas armadas.

¿Quién nos las quiere ver?

Al final, lo que le debiera importar al Presidente es que no podrá encontrar mayor lealtad institucional que en los soldados de tierra, mar y aire.

Cabo de Guardia

No es culpa de nadie que esta semana no se hayan entendido los cambios en los mandos superiores de la Sedena.

No hay mensajes ocultos. Los militares no tienen la necesidad de fundamentar cambios con base a lo que la política del momento dicte. Los de uniforme, tanto militar como naval, deben cumplir un plazo determinado en el grado que tengan, y de ahí ir ascendiendo en el escalafón militar.

El general Virgilio Méndez Bazán —hasta hace seis días subsecretario de la Defensa Nacional— cumplió la edad máxima para estar dentro del servicio activo del Ejército. Esa es la única razón del cambio en esa subsecretaría.

El ascenso del general Noé Sandoval Alcázar, anterior oficial mayor, a subsecretario es sin lugar a dudas significativo, debido al apoyo que el general secretario recibirá por parte de su nuevo segundo al mando. Méndez Bazán realizó un papel fundamental en el fortalecimiento de la subsecretaría de la Defensa Nacional. Habrá de destacarse que Sandoval Alcázar dejará su huella —como siempre lo ha hecho en las responsabilidades encomendadas— en su paso por la subsecretaría.

El nuevo oficial mayor del Ejército y la Fuerza Aérea es el general Gilberto Hernández Andreu, y en la inspección y contraloría general, queda el general Daniel Velazco Ramírez. Ambos generales reúnen la suma de capacidades y habilidades para conducir al Ejército y a la Fuerza Aérea por el camino que más requiera el país.

Las designaciones o cambios en los mandos superiores del Ejército nunca han sido cuestionados. Nadie ha preguntado sobre cómo hubiesen sido las cosas de haber llegado alguien distinto.

Todos los generales y almirantes de este país tienen la capacidad suficiente para ocupar cualquier responsabilidad que se les asigne.

No hay mensajes ocultos.  


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@elibarrola