Cadena de mando

Gobernadores y delincuentes

La emboscada en la que murieron 15 elementos de la Fuerza Única Jalisco, a manos de asesinos del cártel Jalisco Nueva Generación, conmocionó a gran parte de la sociedad del occidente mexicano. Ninguna ONG o grupo social se han condolido públicamente por el hecho, lo que demuestra que la vida de un policía no tiene el mismo valor que la de un estudiante normalista o la de un delincuente —supuestamente— “rendido” en Tlatlaya.

Esta emboscada determina también que la violencia y la crueldad de los grupos delictivos se activan en el momento en que necesitan demostrar poderío; cuando quieren enviar mensajes a los gobernadores de manera directa, sin importar que se caliente la región y, con ello, el estado. Con los delincuentes no se puede pactar y es sabido que muchos gobernadores y presidentes municipales lo hacen o, peor aún, creen que aunque no lo hagan de manera directa —enviando a terceros a hacerlo— los “malandros” respetarán lo pactado, como, todo indica, está sucediendo en Puebla.

Rafael Moreno Valle debe tener cuidado en no calentar su estado, ya que la cercanía con el Distrito Federal está activando las alarmas del gobierno de Enrique Peña y las cada vez menores oportunidades de llegar a ser candidato presidencial en 2018 se le desvanecerán completamente.

Soldados de tierra, mar y aire son los únicos que pueden hacer frente de manera efectiva a la delincuencia, aun y a pesar de que los recursos con los que se dota a las fuerzas armadas mexicanas son verdaderamente bajos en comparación con otros países de América Latina. El problema comienza cuando los gobernadores no aceptan que la estrategia militar es la adecuada para la subsistencia del gobierno mismo, es decir, dejan de escuchar a los generales y almirantes para dar paso a lo que grupos específicos pretenden lograr cuando se permite que la delincuencia trabaje con toda libertad y, al final, los que pagan las consecuencias son los gobernadores, sus familias y por supuesto sus gobernados. Como ejemplos, basta recordar todo lo sucedido con Leonel Godoy y su hermano, o con Fausto Vallejo y su hijo, preso por tener relación con los “malosos”. Que decir del terrible asesinato del hijo de Humberto Moreira; la remoción de Ángel Heladio Aguirre o el asesinato de Rodolfo Torre.

En Michoacán, Coahuila, Guerrero y Tamaulipas la violencia y la muerte fueron una constante mientras no metieron orden los militares. Cuando se fueron, regresó el caos y los volvieron a llamar.

Puebla se puede convertir en una mala historia, de esas que afectan a todos.

 

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@elibarrol