Cadena de mando

El Ejército mexicano y su discreto protagonismo

El principal objetivo de la clase política y de los servidores públicos es la necesidad de protagonismo. De éste, encontrar el espacio para la promoción va dirigido a que sus jefes den cuenta de ello. En la realidad, es obligación de éstos lograr los objetivos de gobierno que tienen planteados, objetivos que ellos mismos comprometieron, al luchar por el cargo de elección popular o, bien, al aceptar el puesto en la administración pública.

En la práctica, la sociedad perdió toda capacidad de asombro por las acciones gubernamentales emprendidas. A principios de semana, la empresa Gabinete de Comunicación Estratégica publicó su encuesta sobre la fortaleza de las instituciones en nuestro país, ubicando al Ejército mexicano dentro del mayor nivel de confianza en 8 de cada diez ciudadanos. De cada 100 personas, 53 están muy conformes en que combata al crimen organizado y, como aspecto significativo, se le relaciona más con actos positivos que negativos; 19.5 por ciento lo liga con seguridad pública, 12.5 con defensa del país, 10.8 con la ayuda ante desastres naturales, 6.8 con personas con valores, 5.1 con el combate al crimen organizado, 1.9 con México y 1.6 por ciento con los símbolos patrios.

Para 49.6 por ciento de los encuestados, si tuvieran la posibilidad de enlistarse en el Ejército, lo harían definitivamente.

El pasado 19 de febrero culminaron los festejos del centenario del Ejército mexicano. En la cena ofrecida en el Heroico Colegio Militar, el secretario de la Defensa Nacional recordó que “el Ejército seguirá al frente de sus responsabilidades con los recursos económicos, materiales, técnicos y legales que le brinde el país”. Lo anterior debe entenderse más como la realidad de una institución que, si bien debe atender lo que dicte el comandante supremo de las fuerzas armadas y no debe limitar su lealtad, disciplina y servicio a la patria, define la obtención plena de los objetivos con base en los recursos.

En estos casi 15 meses de administración, han sido las fuerzas armadas los discretos protagonistas de la urgencia por modificar todos los planes y las estrategias de los dos sexenios anteriores.

La discreción así debe ser; sin embargo si la realidad de unidad lograda a plenitud entre Sedena y Semar ha brindado resultados efectivos, integrales y estratégicos (tantos como para poder sustentar y anticipar detenciones como la próxima y tan anunciada de Servando Gómez, “peor” conocido como La Tuta, o las tantas acciones emprendidas en Sinaloa durante esta semana, donde la Marina Armada ha sido factor esencial para llevarlas a cabo), sigue siendo una ofensa “garrafal” no fortalecer la capacidad jurídica de los militares mexicanos.

Durante estos 101 años del Ejército mexicano, la misiva ha quedado clara en el sentido de nunca utilizar su fuerza contra el pueblo.

El resultado de los últimos 12 años ha sido que se encuentren fáciles maneras de transferir la responsabilidad a las fuerzas armadas sobre lo que gobernantes y funcionarios no logran; para éstos, quedan siempre facultades legales que no los obligan a rendir cuentas. Para el presidente municipal, no existe castigo por permitir que su municipio sea controlado por la ingobernabilidad de los grupos delictivos, para el gobernador es más fácil sumar los conflictos municipales para solicitar después la ayuda de la Federación, vía soldados y marinos, aun cuando no se trate exclusivamente de asuntos de seguridad interior. Para el gobierno de la República, el discreto protagonismo de su fuerza armada se ha convertido en la mejor herramienta para demostrar que puede cumplir con la principal demanda nacional: seguridad.

Habrá que dotarlos de mayores recursos… sobre todo “legales”.

CABO DE GUARDIA Y DE TURNO

Venezuela es un claro ejemplo de en lo que un Ejército puede convertirse cuando se condiciona su naturaleza a su sobrevivencia. Todo indica que Nicolás Maduro no ha entendido que no tiene el apoyo total de su fuerza armada, como el “difunto” coronel Hugo Chávez; sin embargo, existe el riesgo de que gran parte de ella atente contra la legalidad y los derechos fundamentales de muchos venezolanos.

Las fuerzas armadas mexicanas renuevan permanentemente el compromiso de velar por los intereses físicos y materiales de la sociedad. Conviene entonces valorar (desde un análisis profundo y objetivo) las seguridades que le brinda no solo al gobierno, sino a toda la población el contar con un ejército, una marina armada y una fuerza aérea que, antes de servir a una ideología política o a un proyecto de gobierno, servirá a la patria.

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@elibarrola