Reseña

Piano por guitarra

Hace 40 años, mi madre se cambió de casa a un apartamento pequeño. Ella tocaba maravillosamente el piano. En el intento de la mudanza para hacer entrar el piano al reducido recinto, no cupo ni con milagros. El dueño de la empresa de logística, compadre de mi madre le dijo a ella: “Comadre, cambie el piano por una guitarra”. La broma era agradable pero sin complacer los anhelos artísticos de mi progenitora. Se tomó la decisión de vender el piano en disputa y comprar uno más pequeño que cupiera. Hasta aquí la historia.

Orlegi es la guitarra y el Club Santos del Grupo Modelo es el piano. Ambos son instrumentos musicales agradables al oído si se les toca con maestría. Pero no son lo mismo, por nada del mundo, aunque su género de instrumento musical no lo pierden. La guitarra igual complace pero es más barata y se puede mover a donde se antoje. El piano es parte de una grandiosidad y moverlo es más complejo. ¿Se complementan? Negativo; se pueden parecer pero no en personalidad ni en estructura, menos en dinero.

La guitarra no recibió la herencia en presupuesto ni en la capacidad para producir jugadores. El piano derrochaba mucho; muchísimo. Todo eso es obvio aunque pretendan decirnos que el piano cabe en un departamento reducido y en el tercer piso de un edificio. El de cuerdas deberá ser más cuerdo y cauteloso en sus decisiones. El teclado, estaba lleno de posturas superficiales por su extrema densidad, pesado para actuar. El ligero es acoplable a todo siempre y cuando guste al paladar del oído.

Puede ser que Vucetich sea la guitarra que acompañe melodías graciosas y románticas, mismas que el piano no pudo ofrecer. No ir al mundial no es ni piano ni guitarra, es el premio a no tener ni un instrumento musical para la fiesta brasileña; pero que es urgente, aunque sean unas maracas, es obvio y apremiante. Los músicos actuales del Santos sólo saben tocar la guitarra, y los del Tri, sólo los timbales.