PAISAJES DE LA MEMORIA

Utópicas revistas literarias

Yo era un joven sin malicia, como lo sigo siendo ya de viejo, para todas las cosas en las que aún creo. He estado involucrado en la impresión, diseño y distribución de muchas revistas literarias que se manejan de manera independiente o de forma institucional. Voy al recuerdo que me lleva a la dirección editorial de una universidad pública. Ahí me topé con el problema de la edición de un par de revistas, una literaria y otra destinada a los especialistas del ajedrez. La primera concluyó por las pretensiones de quienes las dirigían; la segunda porque el presupuesto que tenía destinado desde la dirección cultural de la dependencia simplemente desapareció.

Cuando investigué la historia de las revistas en Puebla, tuve que recurrir al clásico libro de Don Enrique Cordero y Torres: él afirmaba que ahí daba cuenta de muchas que, a partir de los años cincuenta, habían aparecido aunque fuera sólo un número. Y agregaba que la triste realidad era que pocas llegaban a tres.

Al no ser institucionales e independientes muchas desaparecen por desavenencias entre los consejeros de la redacción. Al pertenecer a una institución se van, porque las autoridades que llegan deciden borrar todo vestigio de lo que hicieron sus antecesores. Asunto además comprobable. Podría citar nombres hasta el hartazgo: electrónicas e impresas, con selección de color o a una tinta, a dos tintas o en papel cultural, etcétera.

Ahora bien: revísese por favor el álbum Hemerográfico de la Literatura Mexicana de Cristopher Domínguez. Están las más sobresalientes desde 1910 y llega hasta 1999. De ahí en adelante vuelve la historia: pocas son las que permanecen.

Entiendo por independencia el sostén de la edición fuera de toda participación institucional que influya en su contenido. Entiendo la participación de un grupo de amigos comprometidos a mantenerla a como dé lugar.

Lo contrario, la pertenencia a una institución cultural, en cualquier parte del mundo, se presta a sospechas y malas interpretaciones. Si se puede dirigir así una revista, con recursos ilimitados, adelante. Me pegó un tiro sino se puede. Hoy creo que las propias instituciones pueden gestionar premios "internacionales" sólo para hacer crecer una imagen que a nivel local no poseen: dos tiros si no. Lo malo es que después de uno no puedo pegarme un segundo.

Que se distribuyen en las mejores librerías, sí. ¿Pero cuántas se regresan? No hay lectores que las busquen para compartir una utopía; según Fourier esta es el sueño colectivo, aplicable a los movimientos contraculturales sesenteros, se me ocurre.

Estás líneas no son una crítica a nadie, a nada. Sólo se trata de una opinión de mi experiencia en el terreno. Por eso mismo sé que las revistas institucionales terminan por obsequiarse en eventos organizados por sus funcionarios menores, o llegan a su final sin explicación alguna. Pienso que para sostener una revista independiente hay que correr riesgos. El sexto tiro espera, ya son demasiados.

Qué gran disertación.

jgsampe@me.com