PAISAJES DE LA MEMORIA

Un talismán en el campo de la ceniza

A Eudoro Fonseca Yerena lo conocí en el florecimiento, en la euforia de la formación de los talleres literarios en México. Según el testimonio que nos introduce a este poemario, escrito por nuestro amigo David Ojeda, Fonseca Yerena nació en Aguascalientes en 1956, aunque un buen tiempo de su vida lo pasó en San Luis Potosí. Agrega Ojeda que Joaquín Antonio Peñalosa, ensayista y poeta potosino (1922-1999) opinaba que Eudoro Fonseca tiene una sorprendente capacidad para fundir una tradición de dos poetas dialogantes y fundamentales como Othón y Lopez Velarde. Entendí esto último al leer una sección de poesía que se acerca a la narrativa de este título del Instituto de Cultura de Aguascalientes, "Un talismán en el campo de la ceniza" (2016): ¿no es acaso la misma imagen y su variante del Fénix que resurge y emerge de nuevo a la vida? Es decir, la figura del talismán es lo contrario a la desgracia, al abismo. Pero hay talismanes que luego de sucumbir dejan una semilla en la ceniza: un ciclo abre otro, por eso el mundo está aún lleno de talismanes.

"Un talismán en el campo de la ceniza" es un poemario que, a mi modo de ver, camina y trasciende por varias rutas experimentales. No es un libro lineal, no aún en los temas que va tratando aunque -lo explico- sí es notable el resultado estilístico que ha estado presente en Eudoro Fonseca desde que llegó a aquel taller abriendo tímido la puerta cuando ya estaban sesionando todos.

Recataré, a manera de significativa muestra, fragmentos de este volumen que desde el título marcó mi atención: (I), "Expreso de medianoche": aquí las estaciones se detienen como los tranvías y descansan, toman aliento. Ésta es la última: "en mi mundo nadie vive / nadie habita / (...) / queda una cresta de humo / una música híbrida y triste. Solo eso.

(II), "El destemplado" del poema "Un lagarto adormilado": "En el fondo de la botella / tengo un lagarto adormilado / tengo una copa de oro / y en la copa un acertijo / tengo una espiga de luz / y un arpa arrinconada / un desván de lunas rotas / y una partitura sin tocar en la penumbra".

(III), "Reventados, carroñeras y malandras". Una visión de la poesía narrativa. ¿Cómo no reescribir esto tan humanamente terrible?: "Hay personas cuya vida en algún punto se revienta. 'Pago el precio, es mi vida' (...) el orgullo que se erige es la derrota (...) Los caminos se bifurcan y las lágrimas son yermas".

(IV), "Voces del mar". "Esa mujer me abre el pecho / raja la víscera maltrecha / libera el canto, alas me insulfa / imbatibles llamaradas / Esa mujer me obliga a escribir este poema".

(V), "La noche de las catrinas". "Flor de mi corazón velado / (...) no te vayas sin dar las buenas noches / no me devuelvas / tras acostumbradas serpentinas de silencio / tu hato de ceniza tras la puerta".

Y de (VI), "Todos los mundos y el infinito amor": "Oigo tus pasos en la sombra / (...) Escribo para ti que sueñas trenes en la noche / bajo un diluvio de flores amarillas / para ti que proclamas palabras venturosas / y barres el polvo de los tristes / (...) / para ti que a la incandescencia me llevas / mujer cuya forma de amar presiento / y no preciso".

"Un talismán en el campo de la ceniza", resurge la vida del abismo, es la poesía.

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