PAISAJES DE LA MEMORIA

Otra vez aquí, los setentas

"Y bueno pues / un día más / que se va colando / de contrabando / Y bueno pues / adiós ayer / y cada uno a lo qué hay que hacer". Lo anterior es una letra de Joan Manuel Serrat que escuché, probablemente, en una estación radiofónica y sobre una carretera rumbo al Norte del país en los años setenta, siendo yo muy joven. Dije "probablemente" porque siempre que escucho la canción, me viene el panorama semi desértico de un intenso colorido que a cualquiera le lastimaría la vista.

En realidad, meditándolo sin proponérmelo casi, la utópica década de los sesenta no me tocó vivirla a pesar de que me habría encantado. Tanta música, tanto movimiento social, contestatario, tanta literatura. El mundo se agitó más de la cuenta en esos años dorados y maravillosos. Pero no los viví en plenitud. Ni modo: eso nadie lo elige.

En cambio me he dado cuenta que una buena parte del tiempo que he empleado en trabajar en los medios de comunicación, termino refiriéndome a algún motivo setentero.

También, por lo mismo, quise entregarle al lector una pista de lo que afirmo en las primeras líneas de esta columna.

Vean mis razones: regreso siempre a esa brillante década porque ahí se quedaron mis primeros frustrados amoríos, mis primeras borracheras, mi ingreso a la Universidad luego de abandonar la educación en Lasalle, el decirle adiós a la familia y las lecturas y los maestros que, como se suele decir, nos marcaron para siempre.

Si Alain Derbez dijo en los noventa que "los sesentas cumplen treinta", hoy, parafraseándolo un poco, diríamos que los setenta cumplen ya cuarenta. Y eso es un largo camino. Cuarenta que pasaron rápido y "tan callando" como lo dice el poema de Manrique al referirse a la muerte.

Casi olvidaba un asunto importante: cuarenta años de la creación de los talleres literarios del INBA coordinados por el ecuatoriano Miguel Donoso Pareja.

¿De qué puedo y no arrepentirme hoy?

Milité en un partido político cuasi clandestino, hecho que transformó mi vida. Nada del otro mundo, claro, pero sí me otorgó la posibilidad de cambiar muchas cosas desde ese momento: abandoné la carrera de leyes y me incorporé al área de la salud. Comencé a publicar una que otra cosa, tímidamente, en revistas y suplementos culturales. Muchas cosas habían ya quedado en las páginas del pasado, atrás. Pero aún había muchas por llegar.

La vida es breve, sí, breve.

Todo esto que escribo tiene su origen en una serie de documentales que he visto sobre moda, música, revistas y literatura abocado a festejar esa década. Ha sido satisfactorio.

No sé si me quedé tiempo para decir algún día que los setenta cumplen cincuenta cómo ahora los cumplen los sesenta.

Por lo pronto a seguir el brillo del sol mientras se pueda.

jgsampe@me.com