PAISAJES DE LA MEMORIA

Per un amic, Marcelino Perelló

En 1987 Samuel Malpica había logrado llegar a la rectoría de la Universidad Autónoma de Puebla mediante aquel sistema de elección por votación universal directa y secreta.

Marcelino Perelló Valls (conocido ampliamente por su activa participación política en el Movimiento Popular Estudiantil de 1968) se convirtió en pleno exilio, en Maestro en Ciencias y entonces Samuel Malpica lo invitó, dado que su perfil era el indicado, a dirigir la Revista Elementos.

Estuvo en Puebla de 1987 a 1988.

Yo acepté dirigir el Departamento de Fomento Editorial y compartíamos oficinas en un adusto edificio sobre la Avenida Reforma, así que nos encontrábamos frecuentemente. Algunas tardes, puede ser que un poco hastiado, Perelló me visitaba en el piso que yo ocupaba a una cuadra del Zócalo, cercano al Edificio Carolino y nos poníamos, ocasionalmente, a jugar dominó. Sólo dejo de testigo al poeta Mariano Morales quien también participaba de la mesa mientras bebíamos un poco de ron Canaima.

Per un amic, en el buen catalán que él manejaba como lengua materna, es un título prestado de un disco de Joan Manuel Serrat: "Para un amigo".

Marcelino Perelló regresó a la CDMX y se integró como maestro a la UNAM, a la Facultad de Ciencias Políticas. Pasaron algunos años antes de que pudiera volver a verlo. Lo reencontré en un café del Parque Hundido, si mal no recuerdo, allá por 1993, cuando regresé, como responsable del área de producción a Fomento Editorial de la UAP. Desde ese momento ya no perdimos la comunicación.

Los avances tecnológicos nos pusieron enfrente los E-Mails, luego otras páginas que no recuerdo hasta el actual FB y el TW donde lo tengo de contacto. A Marcelino le gustaba bromear cada cinco minutos.

Deben conocer los lectores hasta el hartazgo sus declaraciones vertidas en Radio UNAM que por ahora no vienen al caso referir. Éstas son unas líneas para el amigo que ha muerto. Lo que sí remarco aquí es que esas opiniones lo hicieron blanco de un linchamiento en los medios del que no pudo defenderse. De ahí vinieron otras cosas "ocultas" de un Marcelino Perelló polémico: "el misógino traidor del movimiento del 68, el oportunista", etcétera.

En una entrevista que dio a Fórmula TV, ofreció una disculpa a quienes se sintieron ofendidos no a quienes lo insultaban. Le mandé un escueto comunicado a sus cuentas electrónicas: "abrazo, amic". Agobiado como estaba, nunca me respondió.

Me sorprendió la noticia de su muerte. Se afirma que se debió a una crónica enfermedad. ¿Y la tristeza acumulada no mata?

Me quedo recordando al amigo, al ser humano revolviendo las fichas del dominó sobre aquella amplia mesa de madera una de esas tardes opacas. Recojo las palabras de Ciro Gómez Leyva: adiós, pinche Perelló.

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