PAISAJES DE LA MEMORIA

Otra (opaca) crónica de viaje

Aquí tengo aún dos o tres opciones. La cultura se acabó de la noche a la mañana. Estos días he andado de itinerante, como me gustaba hacerlo cuando tenía veinte años, ahora ya no los tengo pero sigo siendo, si puedo, un terrible itinerante. En Torreón han desaparecido algunas librerías que yo solía frecuentar, ya tampoco están los cafés que con tanta nostalgia traigo a mi memoria.

Nada de las funciones de teatro, nada de los talleres literarios. Mis amigos, los atorrantes, se han ido también, llueve un poco, ésta es zona árida pero ahora mismo llueve.

Entonces escribí en las primeras líneas que tengo pocas opciones aquí: meterme a los comercios y mirar las ofertas en las nuevas plazas y quizá tomarme un café en la avenida principal; volver allá, a donde estaban Los Globos, una hermosa confitería que no sé si se mantenga donde la deje hace tanto tiempo, o buscar a quienes quedan de mis contemporáneos para jugar una reta de básquetbol en las nuevas canchas instaladas a la salida de la ciudad.

Estoy acá esperando un par de eventos literarios para levantar un reportaje especial. En el hotel, donde me han hospedado, hay una alberca y una cancha de tenis y unas vecinas que cantan toda la noche canciones en inglés; las he mirado de lejos, ligeras y de zapatos bajos, despeinadas y de largos abrigos pese al verano; son simpáticas y parlanchinas como los personajes de Ionesco.

Cambian las ciudades como los hombres.

Hace años no había un rincón aquí sin un evento de cultura: mimos como en los comerciales parisinos, cine, presentaciones de libros, etcétera.

Vengo de Zacatecas, me instalo aquí sólo unas cuantas horas y me voy a Ciudad Juárez para luego volar al D.F y de ahí de otra vez a mi vida de aulas en Puebla.

Hay, me parece, un fenómeno muy similar en todas esas regiones: no veo el movimiento cultural al que años atrás se podía tener acceso.

En las peores crisis, dicen mis amigos sociólogos y críticos literarios, la más golpeada es la cultura. Debe ser.

Ayer hablé con un regional asesor cultural y me presentó el proyecto editorial de este año que corre: me asombra que sea tan parecido al que presentaron en otros estados. Entiendo que es lo que se llama una política cultural global.

Soy impaciente a veces. Ahí afuera pareciera que la gente anda muy de prisa, como buscando cosas que no las hay por ningún lado. Mientras escribo esto pasan tres grúas una tras otra; mientras oigo el sonido ambiente veo de pronto a mis vecinas de habitación de hotel, siempre desaliñadas masticando una goma; pienso en un momentáneo ensueño y casi me froto los ojos. Transcurre lenta la tarde, no veo el movimiento que la ciudad tenía. Está opaco mi país. Vámonos a la cáscara de básquetbol.

jgsampe@yahoo.com.mx