PAISAJES DE LA MEMORIA

Sigue corriendo, Conejo

Cuando comenzó a esbozarse el proyecto que el lector tiene ahora en sus manos (me refiero a la revista Corre, Conejo), me propuse que esta columna se abriera y se extendiera hacia los ficticios terrenos que abarcan la memoria y sus rizomas. Se escribe para un hipotético lector: donde hay complicidad se cierra acaso el círculo que no cierra.

No obstante, un texto no queda nunca concluido. Revísense, por ejemplo, las galeras de un original de Jorge Luis Borges y ahí apreciarán, trazada con su propia mano, una profusa serie de enmendaduras que podrían enloquecer al común del linotipista. Oír voces desemboca en una benigna esquizofrenia y hablar desde el interior de los personajes, implica una ardua y difícil tarea (el psiquiatra Carlos Castilla del Pino exploró brillantemente la relación que él percibe entre el delirio y la escritura).

He decidido ahora que Corre, Conejo rebasó ya los quince años, y que llega a los cien números, que este texto se lea como si fuera un bloque de ladrillo: uno más que se acoplará a otros y otros más y más firmes, ni un punto y aparte. Seguimos corriendo.

Proyecto de un grupo de amigos, aquí estamos aún en contra de los malos augurios lanzados por quienes pensaban o piensan (arcaicos como son), que todo obedece y que todo se mueve gracias al poder burocrático.

Quince años y algo atrás, cuando comenzó la periodicidad de la revista Corre, Conejo, me vino a la cabeza un lúdico recurso: arrastré hasta mi escritorio una cajita de madera y le fui introduciendo diversos recortes de papel en los que iba anotando una frase o un tema: anecdotarios / una que otra síntesis de mis lecturas / lo cotidiano / mis muertos y mi nostalgia / mis canciones favoritas / mis ciudades / mis hoy comerciales retro / mi familia / mis afinidades y mis temores… todo bajo un título que contemplara la acumulación de los días, los paisajes de mi mundo interno y externo.

Luego, al azar, extraía uno de esos recortes y lo ensayaba. Y aquí tienen ustedes justo el resultado. Finalmente (tal y como lo expresa Alonso Cueto), creo que contar historias constituye una respuesta a nuestra incapacidad de explicar la infinitud de los casos de la experiencia. “Y todos tenemos historias que contar”.

He llegado a cien, voy detrás de otras cien y debo darles alcance por mí y por los que ya no están conmigo en la tierra. Conservo cerca mi caja de madera: debo escribir y (re)escribir: Conejo, sigue corriendo.

(Texto alusivo al festejo de los quince años de la revista Corre, Conejo y a sus primeros cien números, México, mayo de 2015. Agrego las palabras de su director, José de Jesús Sampedro, que sintetizan una política editorial: Corre, Conejo no tiene ni solicita becas, ni subvenciones, ni donativos de institución alguna: ejerce un comunitario ejercicio estricto “y lo ejerce pleno: a plenitud” de independencia y autonomía).

Por último: en la portada John Updike, según Luis Fernando.

jgsampe@yahoo.com.mx