PAISAJES DE LA MEMORIA

Sibiuda

Escribo mejor librería de antiguo porque lo de viejo lo dejo a la inmovilidad. He dicho que los libros hablan como las personas, en idiomas distintos y en sitios impensables. Viajan también y buscan a sus lectores, tienen movimiento propio. Son entonces lugares de antiguo.

Mi afición por estos sitios igual la he relatado en varios textos desde que viví en Torreón unas semanas y visitaba el establecimiento de más tradición librera sobre la avenida principal, llena de palmeras.

Las grandes obras del pensamiento por eso siguen vivas. Los clásicos lo son porque no se habrán de olvidar fácilmente. Entonces en cada feria del libro busco antes que nada lo antiguo, lo nuevo poco me interesa. Ya ven, lectores, a mi edad hay que detectar bien qué debe y qué no debe leerse. El tiempo ya no se repone por nada del mundo.

Me quedo con los clásicos porque de ellos se aprende lo inimaginable.

Debe ser por eso que contadas veces me ocupo de psicoanalistas que nunca pasaron por un aula donde aprendieron a escribir el nombre de Jung, por ejemplo.

Esta nota por eso la ocupo para hablar de Sibiuda. Se llamó Ramón aunque fue igual conocido con otros nombres. Poco se sabe de él: a los grandes no les interesa la vida mundana y suelen apartarse y desprenderse de casi todo lo material.

Ramón Sibiuda también es Raymundo, Sabunde o Sebunde. Se dice, los investigadores lo han dejado escrito, que nació en Barcelona y que seguramente fue médico, además de profesor y rector de la universidad de Toulouse. Se afirma que el  “Tratado del amor de las criaturas” fue escrito poco antes de su muerte en 1436.

Lo releí. Es uno de sus libros que me impactaron cuando estudiaba la preparatoria en mi plena juventud, en Oviedo. Un profesor lo recomendaba obligatoriamente y nos hacía aprendernos de memoria grandes párrafos de una escasa edición catalana que él mismo traducía al castellano.

Ese libro lo hallé (otra vez mi sagrada obsesión) en una de antiguo. Ramón Sibiuda fue un gran humanista, su legado es grande. Texto editado por Altaya en 1995 y traducido por Ana Martínez Arancón, es un escrito místico, lleno de sabiduría.

Su temática está inscrita en tipografía espaciada: trata de las cosas del hombre y de su naturaleza para que se conozca así mismo.

No sólo sirve, dice, “para iluminar el camino del conocimiento [habla de la Ciencia del Hombre] sino para mover la voluntad y que se actúe y se obre por amor” (frase resumida por el responsable de esta columna).

Entre lo místico y lo humanístico, en el camino, según Sibiuda, el amor lo puede lograr todo. Un verdadero clásico.

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