PAISAJES DE LA MEMORIA

Malas decisiones de editoriales comerciales

En una de las últimas ocasiones que tuve la oportunidad de conversar con el escritor Daniel Sada, la sobremesa del desayuno en un restaurante de un céntrico hotel de la ciudad, se alargó más de un par de horas. Él, quien había ayudado generosamente a que algunos de sus alumnos, miembros de los talleres de narrativa que impartía en diversas regiones del país, lograran proyectarse publicando en conocidos sellos editoriales comerciales, no alcanzaba a comprender esas cosas de la mercadotecnia.

Hablaba de un par de novelas que no merecían la pena ni de echarles un ojo, decía, y que sin embargo, habían sido muy bien recibidas por la crítica. Y de otras tantas que se van inmerecidamente a la papelera de reciclaje porque no alcanzan las ventas esperadas.

Sucede que ahora es más conveniente reciclar que almacenar, así que si un libro no cubre las expectativas deseadas en seis o siete meses, se recupera la inversión ofreciéndolo en saldos o bien se convierte en tiras de papel para hacer más papel: la casa no pierde.

De sobra es conocido que las editoriales comerciales no arriesgan así como así: si a los estados les interesa proyectar a sus escritores éstos se ofrecen a editarlos a cambio de que se paguen los costos de producción.

Sí, recuerdo muy bien esa plática con un experimentado Daniel Sada en el restaurante del Gilffer.

Es muy difícil entender estos procesos, me explicó.

A la distancia he comprendido muchas otras cosas. La semana anterior aquí mismo, me preguntaba qué es lo que hace la diferencia entre un autor exitoso de otro que nunca lo será y, en efecto, es tarea complicada saberlo.

Entiendo que esto a un Stephen King lo tiene sin cuidado, por ejemplo.

En aquella ocasión Daniel Sada me habló de las primeras novelas de Carlos Fuentes escritas cuando éste apenas había llegado a los treinta años. Y se trataba de ediciones de dos mil ejemplares que tardaban en agostarse hasta cinco años. En los sesentas se consideraba así a un autor exitoso.

Ahora los tiros son mucho más grandes pero las novedades editoriales a veces son muy poco llamativas.

Otra vez le recuerdo a quienes creen que han tocado las puertas de la gloria: las máquinas de reciclar se aceitan a diario.

Últimamente circulan libros de ficción barata que no reciben ni un solo comentario de la crítica especializada. Es un raro fenómeno ¿Apuestan de verdad por “nuevos talentos"? ¿Qué pasa? Y es que las editoriales comerciales (así se les conoce) también suelen vivir de sus clásicos.

En aquella lejana plática con mi amigo Daniel Sada, él me habló de una escandalosa estadística de libros fallidos editados en México.

¿Qué hace, por ejemplo, que una editorial como Alfaguara se dedique a editar basura desconocida al tiempo de lanzar la obra de autores respetables?

Política editorial, dicen.