PAISAJES DE LA MEMORIA

Luis Rivera Terrazas

En 1978, el ingeniero Luis Rivera Terrazas, originario de Bacum, un pueblo yaqui de Sonora (21 de diciembre de 1912), buscaba la reelección a la rectoría de la Universidad Autónoma de Puebla. Atrás habían quedado, aparentemente, las agresiones del estado en contra de los Carolinos y Alfredo Toxqui Fernández de Lara era el gobernador de la conciliación, así lo dicen las crónicas.
El 1978, Luis Rivera Terrazas es nombrado rector de la Universidad Autónoma de Puebla para un periodo más de tres años, como lo marcaba la ley orgánica de la institución. En su toma de protesta expresó que ningún partido político, incluido el partido en el que él militaba –el glorioso Partido Comunista Mexicano— estaría por encima de la Universidad.
Su programa de trabajo pretendía continuar con el que lo llevó a dirigir el destino de los universitarios en 1975 y que intitulaba así: “Por una Universidad Democrática, Crítica y Popular”, la que daba cabida a los hijos de los obreros, a los hijos del proletariado.
Ese año de su reelección se conmemoró el cuarto centenario de la UAP. Fue, viéndolo a través del tiempo, un año hiperactivo en todos los sentidos. Una creciente actividad política y cultural en todo el estado.
Recuerdo en un reportaje de la revista Siempre!, la narración de un afamado periodista que describió con detalle el momento que Guillermo Jiménez Morales, recién electo gobernador del estado, acompañó al ingeniero hasta las puertas del edificio Carolino, en un lento paseo que a muchos les pareció eterno puesto que si el señor gobernador hubiese tenido la ocurrencia de pisar el escalón del edificio se habría violado la Autonomía Universitaria.
¿Dónde están ahora esos compañeros que se cobijaron tantos años en el PCM?
Rivera Terrazas terminó su segundo periodo en 1981, pero marcó y dejó un legado imprescindible a los universitarios: fuimos (y digo fuimos porque siempre me he considerado universitario) ejemplo para el país: madurez política, honestidad moral e intelectual, etcétera. Durante su gestión se crearon importantes carreras como la Facultad de Físico Matemáticas y el ICUAP; la matrícula también creció. Dejó, en síntesis, una universidad política y académicamente fortalecida. Que muchos hayan traicionado esos principios es dato aparte. Sin embargo sigue su pensamiento vigente.
El pasado 20 de marzo se cumplieron 25 años de su muerte.
Era el militante de su ciencia, así lo llamó alguna vez un articulista.
A muchos sí nos marcó su ejemplo de vida.