PAISAJES DE LA MEMORIA

Frenesí Gótico

Durante todo el tiempo que impartí la asignatura de Literatura Medieval en diversas instituciones educativas, incluida una preparatoria Patito de Oviedo, mi lugar de residencia un par de años, asocié lo gótico a ese período que abarca los mil años de lo que el mundo del Renacimiento europeo concibió como “oscurantista”.

Recientemente recibí un excelente obsequio que me ha iluminado y me ha corrido muchas cortinas para comprender mejor (mucho mejor) lo que yo mismo entiendo de acuerdo a mis (a veces) desordenadas lecturas, sobre el maravilloso mundo Medieval.

He escrito ya algunas líneas, en artículos que andan por ahí dispersos sobre el tema. Me interesé y me sumergí en “lo Medieval” cuando, muy joven aún, leí un libro editado por Novaro que tenía escenas para colorear y estampas para adherir. Una portada que recuerdo, precisamente gótica, un enorme y alucinante castillo quizá.

 Entonces me llegó el libro “Frenesí Gótico”, una elaborada edición de Valdemar de la serie “Gótica” que apareció en 2005. La ilustración de la portada es “La Pesadilla” de Goya y el prólogo y la selección de los textos de Juan Antonio Molina Foix.

Como bien saben los versados lo “Gótico” proviene de los godos, las tribus germánicas que invadieron “y saquearon al Imperio Romano”. Esto lo aclaro porque siempre ha habido una mala información sobre el concepto que (es una lástima) no lo aclaran bien los investigadores.

Escribe Molina Foix que lo Gótico se aplica por añadidura: “a lo medieval en contraposición a lo clásico”.

Y descubrí en estas páginas autores interesantísimos, algunos de ellos prácticamente desconocidos. Ejemplos: un renombrado Horace Walpole, creador nada menos que de “El Castillo de Otranto” / William Beckford, rescatado del anonimato / Mattehew G. Lewis, escritor de “La Anaconda” (1808) / John William Palidori y “El Vampiro” (1819, incluido originalmente en “New Monthly Magazine, de acuerdo al pie de página) / Charles Robert Maturin y “El castillo de Leixlip” / el ya clásico Thomas de Quincey y “Los dados”, texto publicado en London Magazine en 1823 (N. del T) y Mary Wollstonecraft Shelley, “El sueño” (1831).

¿Pero qué fue lo que me descubrió este volumen? Lo remarca el prólogo: aprendí que “donde la pasión más vehemente se alborota si freno / en su locura enardece a la imaginación más débil”.

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