PAISAJES DE LA MEMORIA

En Dosfilos, André Breton

El más reciente número de la revista Dosfilos, el número 128 (mayo-junio 2015), contiene una extensa entrevista que Judith Jasmin logró hacerle a André Breton en febrero de 1961. Judith Jasmin (1916-1972), fue una quebequense, periodista y actriz, pionera de la prensa electrónica. La entrevista fue grabada para Radio-Canadá aunque en YouTube existe en una mala versión que no deja leer los subtítulos. La transcripción y traducción son de Daniel de la Rosa Gómez y Gustavo de la Rosa Muruato.

He querido compartir ahora con los lectores de estas páginas algunas de sus líneas de manera casi textual, para que se entienda de una vez para qué sirve la literatura en el mundo medio salvaje que nos ha tocado vivir. Encuentro en muchos críticos y escritores una terrible contradicción entre lo que dicen en su discurso, sus formas de actuar ante el poder y el sometimiento que muestran ante los poderosos: becas cargos y viajes de por medio.

Ante la pregunta “lo llaman el Papa del surrealismo”, Breton responde que aparte de los detractores del movimiento, hay en la base “una adhesión (…) ante determinados problemas sociales”.   

André Breton habla del automatismo y del manifiesto de 1924, de sus rupturas con algunos intelectuales de la época y del movimiento que lo antecedió, el dadaísmo. Comenta también la influencia determinante que Gerardo de Nerval tuvo para el surrealismo y aclara qué representa para él lo maravilloso.

Pero en lo siguiente, es en donde hay que poner atención: la ética del escritor frente al estado. En pocas palabras, la postura que debiera tener todo artista, si lo es, ante los beneficios que ofrezcan. La literatura, lo han dicho los sociólogos, es peligrosa porque a largo plazo concientiza.

Reproduzco un fragmento del texto: “Ha habido [en el surrealismo] un juego de entradas y salidas. Max Ernst fue un importante pintor para el surrealismo (…), pero no se ajustó a una de esas cláusulas implícitas el día que aceptó el Gran Premio de Pintura en 1954, en la Bienal de Venecia. Ello aparece en contradicción con el comportamiento que requeriríamos siempre del surrealismo, y que demandamos incluso en esta época”.

“Dice usted “el hecho de aceptar´” comenta la entrevistadora:

“Si, cualquier distinción de carácter honorífico o de cualquier otro tipo, tácitamente entra en conflicto con el surrealismo”.

“Me parece un verdadero ascetismo en que predica usted en sus filas”.

“¿Por qué no? ¿Por qué no?”, responde Breton sonriendo.

Una gran lección ética.

jgsampe@yahoo.com.mx