PAISAJES DE LA MEMORIA

Del Diario de la galera

Un título increíblemente envidiable. Una que otra vez en la vida uno no sólo se topa con la gente que aparece por (y para) algo. Creo que, en efecto, la casualidad no existe. Así entonces también aplica a los libros y a las cosas: ahí están esperándonos (o los esperamos) porque han de transformarnos un poco. ¿No son los libros peligrosos –lo decía Vargas Llosa— cuando logran abrir la conciencia de los hombres a planos no explorados?

Y al revés quizá, podrá decir el apreciado lector de estas mínimas líneas: las personas, los libros, las cosas se van como los pájaros hacia otros lugares porque así (simplemente) debía de ser.

En una de esas visitas que de pronto hago, maniático que soy, a las librerías más recónditas, vi el libro de Imre Kertész: “Diario de la galera” (Ed. El Acandilado, Barcelona, 2004). Debo decir que a pesar de los diez años que nos separan ahora de la primera edición, sólo sabía que se editó poco después de que su autor (Budapest, 1929) obtuvo el Nobel de literatura en 2002. Lo extrañísimo del asunto es esto:

El libro estaba entonces en una recóndita librería a la que muy pocos suelen llegar. Y como a veces regreso al lugar donde algo me ha interesado al poco ahí me tienen de nuevo y ahí estaba el “Diario de la galera”, intocable.

Un poco en la indecisión (muy característica de los Libra) le di tantas vueltas al asunto como una ruleta. Lo rescaté por fin de ese librero y ese mismo día me metí a un café y comencé a leerlo. Entonces llegó un hombre a quien es seguro que no volveré a ver en la vida y me preguntó si había conseguido ese libro en esa recóndita librería. Le dije que sí y respondió que precisamente él lo quería pero que por alguna razón había postergado el tiempo para ir por él.

“Una fotocopia lo resuelve todo”, le dije. “Me interesa el autor y el título porque la galera era la prueba que se sacaba con el rol en los linotipos de metal, lo que me hace suponer que se trata de un diario que puede bien el autor someterlo a revisión cuando quiera; déjeme sólo copiar una frase”, respondió.

Le tendí el libro, repasó las planas y la halló: Si evitas el infierno, a lo sumo llegarás a un engañoso prado verde, nunca al cielo (P.60).

Frase conmovedora y actual, muy actual, pensé.

Creo que vivo para comenzar a escribir mi propio Diario de la galera.

Ah, Dios, la casualidad no existe…

jgsampe@yahoo.com.mx