PAISAJES DE LA MEMORIA

Crisis del CECA

La renuncia del investigador Jorge Arturo Abascal Andrade, el pasado 16 de diciembre, a la dirección de la Casa del Escritor (antes refugiado, ahora ya no) dependiente del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, me hace pensar y suponer, sin descubrir el hilo negro, que las cosas no andan del todo bien dentro de esa dependencia.
Habrá que recordar que el CECA se planeó y se formó gracias a los desatinos y fatalidades cometidas por quien fungió como (des)secretario de cultura durante el sexenio anterior. El asunto de la Casa del Escritor ha sido complicado. Ésa es la dirección que, se supone pidió al inicio de la administración, un polémico empresario poblano que se dedica a la impresión de folletines para que, a su vez, uno de sus más cercanos colaboradores, eligiera quién habría de permanecer ahí.
Y la ocupó el investigador de la Ibero Jorge Abascal Andrade, especialista en la teoría del cuento mexicano.
Hace poco circuló la versión que el edificio que ocupa la Casa del Escritor pasaría a formar parte de otra dependencia del gobierno del estado. Ésa es la primera explicación de la renuncia de Abascal Andrade. En su renuncia no argumenta nada, sólo que regresa a su plaza de investigador que tanta falta le hacía a la Ibero. Nada más.
Sin embargo, se dice ahí mismo, en su renuncia, que él deja editados varios libros.
Eso que afirma (ofrece una lista de varias antologías de cuento) me indica, o nos puede indicar a los maliciosos comentaristas que vemos todo desde las tribunas, que entre la dirección conducida por Abascal y la editorial del CECA, una dirección paralela, hay marcadas desavenencias.
¿Es tarea de la Casa del Escritor la producción editorial del CECA? Creo que no.
En todo caso estaríamos ante una duplicidad de funciones.
Entendible y no el asunto. Me explico: la dirección editorial ahí no existe: su titular se dedica a la auto promoción difundiendo su importante obra literaria; de otra manera, no me explico por qué desde la Casa del Escritor se tienen que editar los títulos que cacareaba su ahora ex director.
Esa gran desavenencia terminó en la renuncia de Abascal Andrade.
Cierto es que la medida tomada por el investigador de la Ibero tampoco nos ha quitado el sueño; deja ver, sí, que no se logra ocultar esa duplicidad de funciones ante la ineptitud de la dirección editorial: los berrinches crecían en las oficinas de la Casa del Escritor cuando quien debiera encargarse de las ediciones se la pasaba hablando por celular en los céntricos cafés de la ciudad.
La renuncia de quien fungiera como director de la Casa del Escritor nos hace creer que hay pugnas internas e innecesarias en el CECA.
Creo que será vez ganaron las intrigas concebidas desde los corredores de la exfábrica La Violeta donde se ubican las oficinas de la dirección editorial. Vaya a saber.