PAISAJES DE LA MEMORIA

Creación, soberbia, marketing

De mi columna de la semana pasada y la lectura del título más reciente de Enrique Serna, Genealogía de la soberbia intelectual, surgió una plática con algún grado de inquietud por el tema, nada nuevo ni inquietante, con mi amigo fotógrafo (lúcido fotógrafo que resguarda la crónica del Museo André Bretón de Zacatecas), Pablo Pedroza Bernal. Y es que lo he visto frecuentemente en un café del Centro Histórico aquí, en este lugar que se pierde a veces bajo la niebla.
Le llamó un tanto la atención al fotógrafo Pedroza Bernal que me ocupara de un asunto que a su vez trata Serna en su ensayo sobre el poder, ficticio o no, de la clase intelectual. En la página electrónica que promueve el libro de Serna, editado por Taurus, 2013, se dice lo siguiente, cito textual para que no me tachen de fusil: “¿quién puede leer e interesarse por un artículo especializado que no tiene destinatario? ¿Por un texto que sólo cita a sus pares y llena cuartillas impenetrables? ¿Quién puede admirar una obra de ‘arte contemporáneo’ donde la habilidad técnica y la maravilla han sido olvidadas para crear una ‘instalación’ que sólo reúne cachivaches?
”Sin embargo, la soberbia intelectual no sólo ha sido creada por los mismos intelectuales: ellos han contado con el apoyo de personas e instituciones que han apostado por la ignorancia y la arrogancia. Las distintas iglesias, los profesores sedientos de fama, los medios de comunicación masiva y algunos editores, se han convertido en los aliados de los intelectuales soberbios. La soberbia intelectual -que se revela en los distintos tipos de pedantería (...) no es un asunto vinculado con la creación, sino con el poder”.
Hasta aquí la extensa cita.
Hay en el libro de Enrique Serna un capítulo dedicado a la reflexión sobre la manera en la que se puede crear el marketing. Son muchas. Hace tiempo, no mucho, un autor de éxito editorial agotaba una edición de dos mil ejemplares en cinco años, más o menos. Ahora esa cantidad de ejemplares se ha vuelto ridícula o de plano se alteran los datos. Hay ediciones que llevan un cintillo con la leyenda “treinta mil ejemplares vendidos”, eso apenas se lo creo a Stephen King porque ni Jorge Bucay lo logra. Ése es un recurso que funciona para buscar seguidores como en las cuentas del TW aunque la realidad pueda ser otra.
En síntesis: se crean públicos ficticios.  
No todos los creadores (escritores, artistas plásticos, compositores, etcétera) tienen la manera de promover o dar a conocer su obra; se necesita quizá el otro tipo de poder, el extraliterario, la relación, la representación, el dinero... La planeación del marketing.