Sin coincidencias

El autoengaño

Solo el autoengaño es peor que el derrotismo. Si se opta por lo primero, el costo es del país y se pagará caro. Es obvio que discrepo del juicio de visionario que hace Vicente Fox respecto de Peña y la invitación a Trump. Se parte de mentiras y de falsas disyuntivas. Así no se puede llegar a conclusión correcta. Fue una falsa disyuntiva desde el principio invitar o no a los candidatos estadunidenses. En todo caso, la interrogante era si asumir o no públicamente una postura ante las declaraciones del republicano y, por qué no, los silencios de la candidata demócrata, y si la respuesta era por la afirmativa, discutible, había que seleccionar con sumo cuidado el o los voceros, el momento de hacerlo, los contenidos y el interlineado del mensaje. Nada de eso. Se respondió por la afirmativa a la disyuntiva falsa, sin medir costos internos como era la visita de Trump y el desprecio del Presidente y de su ex secretario de Hacienda a la opinión pública nacional. Eso también cuenta en la política exterior. Y contó la declaración de EPN de que ya lo entenderíamos, su decisión de aceptar la renuncia de Videgaray, su declaración de que la invitación fue precipitada, su gira fallida del perdón en Nueva York, en China y en Jerusalén. Si hubo ganancias en la afirmativa, las pérdidas posteriores las sobrepasaron.

El autoengaño lleva a la suposición como cierta de una falsa premisa respecto de la jerarquía y la definición del interés nacional. Es público que la decisión de invitar a Trump no la tomó la encargada de la política exterior. Las filtraciones y declaraciones posteriores dejan de manifiesto su inconformidad y su descalificación al personaje, hoy presidente electo de EU. Quiso salvaguardar su trayectoria política interna y seguir al frente de la SRE al no hacer valer su renuncia como irrevocable. No se puede todo. La vida pública conlleva costos personales. En su huida hacia adelante, la política exterior, así definida por la canciller, establece como el interés nacional “empoderar” a los connacionales en Estados Unidos. Renunciar a lugares comunes es políticamente incorrecto, pero es el caso. ¿De qué connacionales hablamos? ¿De casi tres generaciones que suman alrededor de 35 millones radicados en Estados Unidos? ¿De 12 millones en primera generación? ¿De 6 millones de ellos sin papeles, por no llamarles, desde la incorrección política, ilegales? ¿De la verosimilitud de los temas de Trump, dadas sus capacidades limitadas, jurídicas y administrativas para realizar deportaciones de esa magnitud? ¿El destino elegido por nuestros connacionales emigrantes como interés nacional es superior a la estabilidad económica del país y sus 21 mil millones de dólares anuales de remesas son más importantes que los 320 mil millones de dólares de exportaciones mexicanas a EU anualmente y la pertenencia geopolítica de México al perímetro de cultura y seguridad de América del Norte? Es muy incorrecto todo lo anterior. De acuerdo.

Antes de extraviarse en medidas inconducentes, en el mejor de los casos habría que pensar tener una pizca de autocrítica y, ahí sí, de lo que tanto se habla: de dignidad personal.

valencia.juangabriel@gmail.com