Sin coincidencias

Palos de ciego

Competitividad y seguridad son expresión de la soberanía contemporánea en todas sus facetas: nacional, regional, internacional. Ambas condiciones no están sujetas solo a la decisión autónoma de las naciones. Están determinadas por el contexto y los factores que a su vez inciden en la soberanía de los agentes nacionales más relevantes en una interacción histórica específica. Por abstracto que suene lo anterior, es tan sencillo, que no tan simple, como entender que la nueva circunstancia de México ante el arribo del nuevo gobierno de Estados Unidos se enmarca no solo en las decisiones propias, sino en las prioridades, capacidades y determinantes de lo que el vecino del norte establezca como sus prioridades y pueda llevar a la práctica.

La política exterior de México de los últimos días, da la impresión de un conjunto de gallinas descabezadas. La cancillería estableció que la prioridad, con el artículo determinado en singular, es la protección en el exterior de ciudadanos de origen mexicano radicados en Estados Unidos. Inútil recordar si el país que hoy se ofrece a protegerlos es el que los expulsó, en términos demográficos. Así fue y las circunstancias básicas no han cambiado. Seamos claros: la cancillería establece como su prioridad apoyar con todo su capital político y administrativo que un grupo de origen mexicano resida legalmente en otro país, así sean muy importantes las remesas que envían a su nación de origen. En términos de competitividad y seguridad de México, esa situación no compensa el empeño nacional así se apele emocionalmente a que son paisanos, connacionales, nuestros hermanos mexicanos en Estados Unidos. El gobierno de México se compromete en 11 puntos a hacer con emergencia y psicosis lo que la ley del servicio exterior mexicano le obliga desde hace muchos años. Quizá la única novedad es la implantación del ambulantaje consular. Manifiesto hiperactivismo para rescatar carreras burocráticas y salvar cara ante la opinión pública de la ineptitud pasada y presente.

Competitividad y seguridad deberían ser los conceptos rectores de la reflexión. Cómo enfrentar los retos de la administración Trump, plantearse escenarios, prioridades nacionales a partir de la compresión de la circunstancia del otro, hoy convertido, a la vez, en socio inconforme, adversario y beneficiario como México de la relación bilateral, no solo económica. Esos tendrían que ser los ejes de la reflexión. La contribución de los connacionales en Estados Unidos a la competitividad y seguridad de México son marginales. Además, para eso existen diversas instancias de carácter multilateral en lugar de spots de los que la canciller es protagónica, ante una política que ni siquiera se ha implantado.

Ya la Segob salió a atemperar las cosas dejando en claro cuáles son los alcances cuantitativos de la amenaza y, sobre todo, fijando en el interlineado, que la cancillería no se manda sola en política interior. Es tiempo de reflexión económica en el sentido macro y de política abarcando tanto la seguridad regional como la estabilidad interna. Todo eso no pasa por los palos de ciego de la cancillería.

valencia.juangabriel@gmail.com