Sin coincidencias

Ya casi

Una de las virtudes de la mentira estridente es su atractivo mediático. La verdad, en cambio, suele ser engorrosa y aburrida. Ése es uno de los rasgos de los contenidos reales y efectivos de la reforma energética.

En unos días más, si acaso unas semanas, el país ingresará a una etapa de su historia económica tan o más importante como la emprendida al entrar en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Entonces, como ahora, no faltaron los argumentos en contra, desde la técnica económica, inevitablemente parcial en mayor o menor medida, hasta el a priori ideológico de rechazo a la integración comercial-regional en una geopolítica asimétrica y de historia, en balance, adversa.

Como casi en cualquier cambio drástico de reglas de juego hubo perdedores y ganadores. La industria tradicional orientada al mercado interno, al amparo con anterioridad del proteccionismo mexicano, resultó afectada y en algunas ramas tuvo que cerrar. Hubo pérdidas de empleo. Lo mismo ocurrió en muchas regiones del país como la agricultura no mecanizada de temporal. En contraste, se pusieron las bases para una industria de exportación, de avanzada tecnológica, con empleos de alta capacitación y bien remunerados. Lo mismo ocurrió con la agricultura comercial. Uno de los principales ganadores fue el consumidor final. De hecho, fue la apertura comercial la que permitió salir al país rápidamente de la irresponsable crisis financiera de finales del 94 y de su recesión consecuente. Fueron la confianza y la certeza jurídica del entorno internacional respecto de nuestro país y la nueva fortaleza del entramado económico de México los que hicieron posible que el de Zedillo haya sido, en varias décadas, el periodo presidencial con más alto crecimiento.

Una perspectiva semejante, aun mejor, es la que plantea la reforma energética actualmente a discusión. De un esquema energético de parches institucionales se ha pasado a un planteamiento de un modelo integral de la industria, que hoy no existe como tal. De entidades monopólicas de extracción, generación y comercialización se transita a la creación de un mercado de hidrocarburos, petrolíferos y electricidad con la participación de las empresas productivas del Estado (que no cambian en su propiedad ni un ápice), particulares nacionales y extranjeros o asociaciones de los dos anteriores. Se rediseña el marco institucional regulatorio de la industria y se asegura el especial cuidado al medio ambiente.

Lo anterior era ya una exigencia cuando en los diez últimos años la producción de petróleo ha bajado en un millón de barriles diarios, de 3.5 a 2.5 en el presente. La electricidad tiene un costo 75 por ciento superior al de Estados Unidos. La industria petroquímica nacional importa 18 mil millones de dólares al año, 30% de sus insumos. México es el sexto país en el mundo con mayores reservas de gas de lutitas y no extrae de ellas un BTU (british termal unit). Se genera electricidad con combustóleo que es cuatro veces más caro que el gas. Se depende del exterior en más de 70% en fertilizantes, entre otras cosas, por insuficiente producción de amoniaco, que a su vez depende de la disponibilidad de gas. No existe producción en los yacimientos nacionales de aguas profundas y ultraprofundas en el Golfo de México. Son algunos datos.

El México del siglo XX nos acostumbró a pensar en sexenios. La generación de energía supone largos plazos en los que México lleva otro tanto de atraso. En 2018, con la apertura, la producción de petróleo podrá estar en tres millones de barriles diarios y en 2023 en cerca de cuatro millones. La reforma, por la atracción de inversiones nacionales y extranjeras y mayor ingreso nacional, añadirá 1.5% al promedio anual de crecimiento de la economía. Para 2023 la sola industria de hidrocarburos agregará dos millones y medio de empleos formales. Entre 2016 y 2017 comenzarán a bajar los precios del gas y de las tarifas eléctricas, con incidencia en algo al alcance, como la producción de tortillas hasta la de alimentos en agricultura, por la mayor disponibilidad de fertilizantes y la desaparición de la artificial diferencia entre petroquímica básica y secundaria.

Los recursos del subsuelo seguirán siendo propiedad de la nación y, en efecto, Pemex no se vende; se defiende, con ventaja y autonomía. En términos prácticos no hay perdedores más que políticamente los ideólogos de siempre.


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