Sin coincidencias

El punto de inflexión: Ruiz Massieu

Para las personas y por igual para las naciones, recordar es vivir. No solo para lo obvio, que es no repetir lo equivocado. También para resolver pendientes de los acontecimientos de la historia y su secuencia que impidieron atender. Por eso es de celebrarse que algunos articulistas, en días recientes, como Carlos Puig y Joaquín López Dóriga, se hayan ocupado del vigésimo aniversario del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu. Ese es un punto de inflexión histórico, más que Colosio o Marcos.

De aquel 1994 mexicano se han escrito ríos de tinta. A partir de esos acontecimientos se han construido carreras políticas, fortunas económicas, escándalos, ajustes políticos de cuentas, historia, la tragedia económica de una generación, y cualquier cantidad de basura.

Una legión de políticamente correctos se sumó a la farsa del primero de enero del 94 y el pusilánime de Carlos Salinas, no del presidente Salinas, los secundó, cuando el 5 de enero de 1994 estratégica y tácticamente los pudo haber hecho pedazos. Económicamente costó. No pudo afrontar el costo personal, no institucional, de las acciones necesarias en términos de opinión pública internacional.

Manuel Camacho, patrocinado por el Presidente de la República, sazonó el periodo entre el movimiento zapatista y el asesinato de Luis Donaldo Colosio el 23 de marzo perpetrado por un esquizofrénico sin aristas, esférico, Mario Aburto. Quien lo dude, tiene 14 tomos de la investigación para disipar sus interrogantes. Luego vinieron las maniobras erráticas de seis días del presidente Salinas.

El presidente del PRI, Fernando Ortiz Arana, a la muerte de Colosio, se fue al bote de la basura de la historia. Un peoncito que se creyó reemplazo del candidato muerto. Dejaron un tiradero de propuestas de candidaturas de senadores y diputados. A Ortiz Arana lo sustituyó, en plena crisis, Ignacio Pichardo Pagaza, entonces gobernador del Estado de México, que como todos lo que ocupan ese cargo son muy propios, son serios, son muy conciliadores, son muy correctos. El factor en el nuevo PRI de entonces, y ese sí era nuevo, era José Francisco Ruiz Massieu. Un intelectual en serio, un operador político experimentado, un hombre que tenía perfectamente medido, para bien y para mal al presidente en turno, su ex cuñado, a quien Carlos Salinas no solo le tenía respeto, le tenía miedo, con razón, por los comentarios en privado del secretario general del PRI poco favorables.

Zedillo respetaba al ceremonioso mexiquense presidente del PRI. Zedillo confiaba en el secretario general del PRI, Ruiz Massieu. Además de ocupar para efectos prácticos el control del PRI, Ruiz Massieu era representante del PRI ante el IFE, —cuando de verás contaba y había Colegio Electoral para efectos de elección presidencial—, por lo que sería coordinador de la fracción parlamentaria del PRI en la Cámara de Diputados para ese propósito, y posteriormente secretario de Gobernación.

La agenda del nuevo gobierno era muy clara: Ruiz Massieu se encargaría de la política interior para controlar a gobernadores y legisladores que habían sido elegidos en la oficina de Salinas y Zedillo se encargaría de una economía complicadísima, después de todo lo ocurrido en ese año, pero que no avizoraba una crisis, si el presidente de la República devaluaba en octubre y no asesinaban a Ruiz Massieu. En la agenda política de Zedillo la prioridad era política, sin descuidar la economía. Por eso, el 4 de septiembre, a 13 días de haber sido electo, Ernesto Zedillo convocó a una reunión para renovar al PRI encabezada por Ruiz Massieu. Ahí se formuló la sana distancia que implicaba a un PRI estable, relacionado en términos formales con el Ejecutivo de su partido, con respeto entre ambas instituciones y poderes, cooperación y coordinación. Esos son los que mataron a Ruiz Massieu. La desaparición de los poderes feudales de los gobernadores y de los priismos estatales y de sus vínculos con el crimen organizado. Eso es lo que mataron. Y mataron a la agenda nacional al cambiar sus prioridades. A un presidente en funciones obsesionado con la muerte de su ex cuñado y la posposición de una devaluación que pudo haber evitado la tragedia de diciembre de 1994.

José Francisco Ruiz Massieu no era una perita en dulce, pero su llegada a la Secretaría de Gobernación en 1994 y, eventualmente su llegada a la Presidencia de la República, hubiera adelantado el reloj por lo menos diez años en la historia de México.

 

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