Sin coincidencias

Se puede con 2015

Un sábado 3 de enero es como el Limbo. Es el Purgatorio informativo. No hay inocentes, pero tampoco culpables irredentos. Un discurso por ahí para un gasoducto, importante a largo plazo, junto con el fortalecimiento de la flota menor de petróleo —tarea abandonada hace 30 años— hace la nota oficial. A la hora de enviar estas líneas, 11 rondas de votación no permiten saber quién será el próximo presidente de la Suprema Corte de Justicia. Finalistas, a las 15:25 horas, dos perfiles biográficos totalmente encontrados, pero igualmente promisorios. No tengo duda de que quien sea electo en los próximos minutos u horas será, con todos sus defectos y virtudes, el presidente de la Suprema Corte de Justicia más importante en la historia contemporánea de México. Simplemente, a la luz del debilitamiento estructural de los otros dos Poderes de la Unión. Ojalá que ese presidente de la Corte lo sepa, lo entienda y lo asuma.

Comienza 2015 en un clima de opinión sombrío. Todo diciembre, visto a vuelo de pájaro, ha sido de un articulismo recriminatorio y pesimista. No se ve que por necesidad 2015 esté marcado por ese ánimo. Se cita, hasta la saciedad, una frase del maestro Serra Rojas, a unos días  del sismo que destrozó al Distrito Federal “México es más grande que sus problemas”. Tenía razón el maestro. Tendría que haber agregado que México es más grande que su clase política y los adversarios de ella.

El año 2015, o el final de 2014 (conjunción dramática muy semejante al diciembre de 1994 y el arranque de 1995), contrariamente a lo que muchos piensan e intentan, en lo básico de nuestra historia no marca nada. Es una anécdota más, un episodio, en un complejo proceso de desarrollo y modernización desiguales. Supone, sin duda, para el recuento y el análisis histórico, 11 reformas estructurales, cuatro de ellas esenciales para el siglo 21 de México; la traición del Ejército en Tlatlaya, que uno no puede entender cómo después de las evidencias el gobierno federal se empeña no solo en relegar a una anécdota, sino a forjarlo en pretexto de homenaje y reconocimiento; los hechos de Iguala, donde aprendices de delincuentes inesperadamente encontraron la horma de su zapato criminal. Una mala conducción económica y circunstancias externas adversas.

La vida cotidiana transcurre en la misma mediocridad de los últimos 14 años. Atonía económica, como se diría en los 80. Miles de muertos vinculados a la actividad del crimen organizado y juego de tasas porcentuales de estadísticas. Son miles de muertos. Es espeluznante. Pero en cómo mentir con estadísticas es como entienden la defensa de su empleo, muchos funcionarios públicos. Se vale. Es su modo de vida y para eso los nombraron.

El recuento podría ser más sombrío. Al final de cuentas una Cámara de Diputados irresponsable aprobó un Presupuesto que tiene que ser recortado a más tardar en marzo. Y eso significa desempleo y despidos. O no. Significa deuda, incremento de riesgo e inflación. Agréguense elecciones locales muy turbulentas, al menos en Guerrero y Michoacán, tal vez Oaxaca con tres no gobernadores. Todo un acertijo para el gobierno federal y para el muchachito que preside el INE. Precios del petróleo a la baja que no se van a corregir en el próximo año a menos de que ocurra un conflicto internacional generalizado para fortuna de México y desgracia del mundo.

Ante la tormenta internacional y nacional, el gobierno mexicano todavía puede hacer muchas cosas. Leer historia y aprender a administrar “del milagro mexicano”, del que son herederos económicos, mas no intelectuales. Sus tíos y abuelos sabían administrar con una bajísima tasa de tributación, con niveles de corrupción no tan altos como ahora, pero comparables con el producto interno bruto, en un país en el que el potencial de conflictividad social e inestabilidad política era más alto por razones generacionales, de condiciones internacionales y taras culturales de barbarie.

Administrar no es gobernar. No hay gobierno sin administración. Eso es lo que no saben todos los mexiquenses incrustados en el segundo nivel de la administración pública federal en todas las dependencias, sin excepción. Es grotesco. Reflexionen. Acorten la administración pública y entiendan que el Estado mexicano es México, a secas, y no el Edomex y sus entidades satélites colindantes. No sea que esta clase gobernante sea la primera que grupalmente va a dar a la cárcel por ineptitud y corrupción.

 

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