Sin coincidencias

De policía y economía

Todos los días de las últimas semanas han sido de notas que en términos periodísticos serían policiacas. Ocupan también espacios económicos hasta donde uno no sabe.

Atraparon a El Chapo Guzmán. Una nota de seguridad pública que ocupó algunos días la atención de los medios. La revista a paga de Forbes lo colocaba en la lista de los hombres más ricos del mundo. Dada la forma en la que lo detuvieron, era para que mejor hubiera aplicado su dinero, si Forbes no miente. Y cómo un medio americano de esa importancia pudiera mentir. La captura de uno de los narcotraficantes más importantes del mundo y su noticia duraron alrededor de cinco días. El gobierno americano de inmediato reivindicó su intervención decisiva en la ubicación de Joaquín Guzmán Loera. Tienen que justificar sus sueldos y su tamaño. Así de imbéciles como lo hicieron en el caso Camarena o en la supuesta muerte de Nazario Moreno. Son imbéciles en materia policiaca, pero no en términos presupuestales, de corrupción corporativa y de ingreso personal. Eso es la DEA y sus apéndices dentro de las instituciones mexicanas de seguridad pública. Eso era Genaro García Luna, Facundo Rosas, Cárdenas Palomino y toda la basura que rodeaba a la Policía Federal, la que a su vez alimentaba el ego megalomaniaco y enfermizo del presidente Felipe Calderón. Por eso, en un lapsus verdadero, el coordinador panista del grupo parlamentario en el Senado, Jorge Luis Preciado, dijo que el anuncio de la muerte de Nazario Moreno en 2010 fue ridículo para Felipe Calderón.

En efecto. Fue ridículo. La persecución del delito, en minúsculas y en mayúsculas, en México, es ridícula. La policía es una institución de siglos para reprimir a los pobres y a los débiles. Ese es el gran tema que tiene por delante el gobierno de Enrique Peña. Lo demás son minucias y estupideces.

La policía, en cualquier parte del mundo, surgió para que los reinos controlaran a los señores feudales y, a su vez, éstos controlaran a sus siervos. Su finalidad era recaudatoria, más que vigilante y punitiva de que si fulano robó a mengano o de que violaron a tal niña. Era dinero lo que generó la institucionalización policiaca. Y el Estado español que conquistó México, un Estado opulento y tarado, tomó ese modelo de institucionalización. Esa es la herencia. La policía mexicana está diseñada para combatir a los rebeldes y a la violencia entre y proveniente de entre los pobres. En una sociedad racista, como la mexicana, la policía no está diseñada para combatir la delincuencia entre blancos o para matizar los delitos, de cuello blanco, para usar la expresión sociológica de Wright Mills.

Es curioso. El origen de las policías era controlar las exacciones a los ricos y que los ricos le partieran la madre a los pobres para la cobertura de ese pago.

Hoy tenemos uniformados únicamente enfocados a partirle la madre al ciudadano común.

Oceanografía es una delicia de estupidez, inteligencia y falta de cálculo político. Un monstruo económico, proveedor de Pemex defraudó a un monstruo todavía más grande en una operación de factoraje que necesariamente requiere de un nivel de imbecilidad de Banamex inconcebible o una conspiración criminal. Pero es un conflicto entre particulares que no afectó la operación de uno de los clientes de Oceanografía, que es Pemex. ¡Ah! Si aparece la palabra Pemex, el PRD tiene que estar. Y el coordinador de los perredistas en el Senado de la República, quien día con día atisba uso y abuso de su minusvalidez física, exige la creación de una comisión especial para un asunto entre particulares. Y el gobierno federal comete el error, gravísimo, de que el SAE (Servicio de Administración y Enajenación de Bienes) intervenga. En todo caso es un problema entre el señor Arrigunaga, en Banamex, ingenuo e inepto, y el señor Yáñez de Oceanografía, verdadero vivales y malandro inteligente que desplumó dos por ciento del capital de Banamex. ¿Qué tienen que ver el Estado mexicano y Pemex en una transacción financiera viciada entre particulares? Que respondan los payasos amarillos, los cojitos y los que no. Payasos y chantajistas que toman como pretextos de sus pequeñas causas y como rehenes el mejor interés de la nación en el siglo XXI.

Mierdas.

valencia.juangabriel@gmail.com