Sin coincidencias

¿Flor de un día?

Una mezcla informe de arrogancia, inteligencia, soberbia, apertura, cerrazón, oficio es rasgo distintivo del sexenio desde aquel nefasto julio-agosto de 2014 marcado por Tlatlaya y lo que siguió. ¿Entre lo que no entienden que no entienden el gobierno mexicano entenderá lo relativamente fácil que es hacer política y el éxito en el círculo rojo? ¿Sabrán que la buena política que mostraron en los últimos días es una prudente combinación de paciencia, innovación y firmeza?

Vaya uno a saber de quién fue la idea de la iniciativa presidencial de modificar el artículo cuarto Constitucional y el Código Civil para aprobar la igualdad de matrimonios y la adopción homoparental. La decisión presidencial del envío de la iniciativa podría representar un punto de inflexión en un gobierno que desde hace casi dos años mostró un talante conservador, despreciativo de la opinión pública, excluyente y corrupto. En cuatro días, el círculo rojo ha expresado su beneplácito por una decisión y definición política personal del Presidente, bajo el supuesto, válido, de que una definición política personal e institucional afecta intereses y equilibrios de fuerzas. Y por esa razón es bienvenida. Sin ambigüedades, el Presidente de la República se manifestó por la diversidad y la inclusión, así sea en contra de la santa madre Iglesia. El tema es debatible y se debatirá con encono. No es fácil la tarea de la Secretaría de Gobernación para impulsar la aprobación de la iniciativa en las Cámaras federales y Congresos locales. Muestra a las claras una postura ante un tema. Eso en un régimen presidencialista se agradece, lo que no había hecho el gobierno en otros temas. Refleja decisión, actitud y convicción. Lo que no sucedió con los 10 días de retraso para intervenir en el caso de Iguala, con el sórdido caso de la casa blanca adjudicada al Presidente y al que mandaron a explicar a la esposa; el que el contundente informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos sobre Tlatlaya haya sido desestimado por fallas procesales del propio Ejecutivo federal; al incierto caso de Tanhuato; a la defensa in extremis de lo que hagan o dejen de hacer las fuerzas armadas.

Volvemos, para bien, al tiempo de definiciones, como en las iniciativas de las reformas estructurales. Se retoma, quisiera uno pensar, el buen gobierno, liberal y garantista, en cuanto a legalidad y se establecen posiciones claras, a pesar de los riesgos y los costos. La iniciativa presidencial, liberal incuestionablemente, enmarca otra decisión: la aplicación de la ley, tantas veces pospuesta y eludida con razones espurias. El anuncio del despido de 3 mil 119 maestros por incumplimiento de sus obligaciones laborales refresca un mal ambiente de opinión pública. La impunidad es un componente del, así llamado por el Presidente, malhumor social. Que se cumpla con la reforma educativa, que apenas empieza, es un presagio de que en México algunas cosas se pueden hacer bien.

Liberalidad, inclusión, credibilidad son aspectos a rescatar en las decisiones políticas de esta semana.

Hacer política, genuina, es afectar intereses y asumir las consecuencias. Esta semana reflejó un talante distinto en el ánimo de gobernar. ¿Flor de un día? ¿Sabrán y entenderán que hacer buena política es redituable y es historia? Entre todas las dificultades, en especial económicas, México esta semana dio cuenta de un buen gobierno.

valencia.juangabriel@gmail.com