Sin coincidencias

Las interrogantes de fin de año

Está cerca de acabar el año. Pero la cronología juliana no coincide con el calendario personal y grupal del México de hoy. En el mejor de los casos, si no hay una desagradabilísima sorpresa antes del 31 de diciembre, la agenda de reclamo y de incertidumbre es la que abrirá el año 2015. Muchas incógnitas.

Desde un principio, no ha sido tema de este espacio qué pasó o dónde están los 43 o 42 que faltan. Están muertos. A casi tres meses de lo sucedido persisten interrogantes serias sobre el desempeño del gobierno federal. ¿No tuvo información sobre el proceso político y social precedente a los acontecimientos de Iguala? Peor aún. ¿Tuvo información y no actuó en un cálculo político y legal que hacía permisible cierto grado de impunidad que llegó a fronteras inimaginables? El punto es ese, en este tema. No fue el Estado. Fue el actuar criminal de autoridades debidamente ya identificadas y la omisión e inacción de otras autoridades que podrían haber impedido todo. No hay culpa ni delito. No se pongan sacos que no les corresponden. Hay algo que no está en su formación: reconocer errores. Con la racha de logros previos, ¿es muy difícil reconocer que en dos años no se puede cambiar todo tras de un siglo de corrupción, ineficiencia, barbarie y prejuicio?

Nunca en 83 años el presidente de la República había tenido la visión y el valor de lo que México debería ser durante el siglo que le siga. Ni conocidos ni adversarios se han dado cuenta en profundidad de las consecuencias de las reformas estructurales iniciadas por el Ejecutivo federal. Sobre todo en competencia económica, educación, telecomunicaciones y energía. En la siguiente generación, entre la que están los incendiarios de la puerta de Palacio Nacional y los niños politécnicos que se creen autogobernables, está la quinta economía del mundo. Y eso llevará la firma de Enrique Peña Nieto.

Por eso sorprende el grupo gobernante. Siguen sin entender que hicieron lo más difícil y que ahora lo que se requiere son cambios en políticas específicas y en la integración de ese mismo grupo gobernante. Se ha dicho aquí y en otros espacios, hasta el cansancio, que México no es una entidad federativa en grandote. Su naturaleza es distinta y la inexperiencia de los integrantes del gabinete es crasa. Conocen su función previa o su estado de origen. Nadie nace sabiendo. Pero reconocer que no se conoce todo lo que se requiere es el punto de partida del conocimiento. No lo hay. Parece ser que es mejor la lealtad y la obsecuencia hasta la indignidad que el sentarse por un momento a reflexionar y ser mejores.

Desde la sensatez no hay rencor, no puede haberlo. Hay dudas e interrogantes. Tiene razón el jefe de la Oficina de la Presidencia cuando dice que no están para darles gusto a articulistas. No puedo menos que coincidir. Por lo mismo, es escandaloso que se revoque la adjudicación para la construcción de un tren rápido México-Querétaro para darle gusto a una periodista. ¿O había más? Quieren mantener pulcra su imagen cuando con esas decisiones, que mataron en un instante el principio de certeza jurídica, propiciaron, con toda lógica, la sospecha de un conflicto de intereses. Están jugando en ligas mayores, políticas y mediáticas, y no se han dado cuenta.

Un año muy difícil para todos los mexicanos 2015. Caída del precio del petróleo —no coyuntural—, depreciación del peso, presión inflacionaria, restricción del gasto público, bajas expectativas de inversionistas y consumidores, encarecimiento del crédito. Pobreza extrema como agua estancada.

Dos vertientes para 2015: una, reorganización de la administración pública, para convertir en política transversal de la acción del Estado en combate a la pobreza y no en manos de una secretaria que repite su experiencia clientelar del Distrito Federal en ganancia electoral, dependencia y sujeción de las personas y no en solución estructural a los problemas. Rosario Robles tiene que irse. No es funcionaria al proyecto siglo XXI de Enrique Peña Nieto.

Dos, probidad en el ejercicio de la función pública. México no puede seguir siendo cada seis años la inauguración solemne de sus ruinas, como bien decía Salvador Novo. La corrupción es lo más cercano a la gente en la autoridad más cercana. ¿Cuál es el problema? Legíslese, póngase en manos de gente probada en la función pública y erradíquese. Peña Nieto pasa a la historia sin riesgos. Los demás, allá ellos. Pero para eso hay Presidente. Quiero pensarlo.

 

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