Sin coincidencias

Lo inexplicable

Era predecible y desde un principio comprobable que en el asunto de la casa blanca, como lo informó el secretario Virgilio Andrade, no hubo conflicto de intereses. Eso está muy bien. No resuelve el problema, porque ese no es un problema de Virgilio Andrade. Es un problema del Presidente de México.

El secretario Virgilio Andrade, lo que informó, es que no hay conflicto de intereses entre la adquisición de un bien inmueble por parte de Angélica Rivera, esposa del Presidente, cuando él no era Presidente. Es así de sencillo. En principio.

Es claro que los formadores de opinión pública y la misma opinión pública no pueden guiarse, en el mejor estilo de Carmen Aristegui, por insinuaciones. Que Higa tuvo contratos con el gobierno del Estado de México está fuera de duda. Que Angélica Rivera compró la propiedad, también. Que de acuerdo al informe de Virgilio Andrade, el contrato de compra de la casa se canceló y la propiedad se devolvió a su propietario original es una realidad jurídica. Que el gobernador Peña, luego Presidente, no intervino en la licitación de contratos es judicialmente probatoria. Todo eso está muy bien. Y más a una semana del Informe presidencial, que en el balance que cubre el periodo no puede ser más que un mensaje aciago.

Dejemos aparte los descuidos y desaseos. Que Virgilio Andrade haya salido a informar a las nueve treinta de la mañana forma parte del desprecio de los Pinos a la opinión pública. A esas horas la gente está trabajando. Tal vez ellos no. Es menor. Que la propiedad haya sido devuelta a su propietario está bien. Que nos tengamos que olvidar del estúpido y malhecho video de Angélica Rivera explicando pasa.

Es inaceptable el punto medular del tema: la permanencia en el gabinete y la impunidad de Gerardo Ruiz Esparza, secretario de Comunicaciones y Transportes.

Si la casa blanca fue una operación lícita y legítima, ¿por qué demonios se canceló la licitación legal y legítima del Tren rápido México-Querétaro, dada la presencia en ese contrato del empresario presuntamente implicado en el conflicto de intereses de la casa? Virgilio Andrade no responde a esa interrogante. Tal vez no le toca. Ruiz Esparza, otro delmacista, ahora empoderados hasta la estratosfera, guarda silencio y hace lo que se le da la gana. El Presidente ignora el problema, mas no se da cuenta o apela al olvido y al tiempo, que el tema es la licitación, no la casa, asunto en el que se usó estúpidamente a Angélica Rivera y a Virgilio Andrade. No es creíble que el gobernador del Estado de México haya comprometido contratos a futuro cuando fuera Presidente en función de bienes inmuebles adquiridos cuando era gobernador. El Presidente de México todavía puede hacer lo que le plazca, hasta incumplir con su palabra.

Entonces ¿por qué demonios la cancelación de la licitación del México-Querétaro? Ese es el punto nodal del problema. Si entre líneas, Ruiz Esparza argumenta que se lo ordenó el Presidente, es una grave denuncia de que tenemos un rey desquiciado. Si Ruiz Esparza lo hizo por otras razones, tiene que irse, a su casa, otro mexiquense que no entendió a México y puede alegar a su salida, después de 35 años de estar pegado a la ubre del Estado mexicano, un enriquecimiento más que suficiente. Esto es basura. La explicación de Virgilio Andrade, sólida, no concluye en nada.

 

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