Sin coincidencias

Descripciones ciertas sin explicaciones

Un buen intento. A final de cuentas un esfuerzo vano. La última semana de 2016 concluye con el enojo social a causa del próximo incremento del precio de las gasolinas a partir de mañana. El enojo tiene, sin embargo, un sentido muy laxo y más si se le adjetiva con lo social. La narrativa oficial no alcanza a contener la amplia gama de reacciones.

Las autoridades han puesto sobre la mesa los hechos a manera de silogismo inexorable: el precio del petróleo se ha incrementado, México es importador neto de gasolina, el peso se ha devaluado, los costos de logística, además de desiguales territorialmente, no estaban reflejados en el precio al consumidor, los impuestos al consumo del producto no pueden reducirse para preservar programas de gasto prioritarios para la población y, por tanto, el precio de las gasolinas y del diésel aumenta alrededor de 20 por ciento mañana. La lógica de ese discurso es irrebatible como muchas de las realidades en el mundo que por incómodas que sean no dejan de ser metodológicamente correctas.

Por desgracia el discurso oficial y del propio presidente del PRI, que como pocos funcionarios conoce bien del tema, es extemporáneo e insuficiente. No explica los hechos descritos.

Desde el inicio del sexenio, el gobierno del presidente Peña Nieto sabía con certeza la existencia de un doble fenómeno heredado del PAN en el gobierno: uno, que el país se estaba convirtiendo en un camposanto desbrozado; y dos, que el estallamiento de una crisis energética nacional se había pospuesto y era inevitable. Respecto del primer caso, el del cementerio informal, sigue a debate, tardío también. Respecto del segundo, la crisis energética constituía un conjunto de razones que sobrada y justificadamente explicaban la urgencia de la reforma energética. Se hizo la reforma energética y se allanó una explicación que se pudo haber construido en la conciencia social durante ya cuatro años. Y ahora resulta en una falacia de composición, en una mentira oportunista que la reforma energética es la causa del incremento de precios anunciado, cuando se tuvo todo el tiempo del mundo para detallar hasta la necedad, de la herencia panista, la desinversión en Pemex, el dispendio del excedente petrolero, la rapacidad fiscal a costa de Pemex y del consumidor más jodido a cambio de subsidiar a los más ricos; de la falta de conciencia de Estado para hacer una verdadera reforma fiscal —el IVA generalizado— y sentar las bases de una verdadera industria energética rentable, abierta y competente. Cuatro años para ofrecer una explicación completa de las buenas razones que nos llevan a todos a tomar conciencia con cuatro años de retraso que estamos en el umbral de una catástrofe de suministro de petrolíferos y de un quebranto fiscal mayúsculo y de consecuencias todavía imprevisibles. El speech writer de Los Pinos no supo más que ofrecer una baja en los precios y embarcar a su jefe, al Presidente de México, en una mentira que no tenía sustento técnico alguno. Desde el principio y se les dijo a tiempo. Eso es lo único que no se podía ofrecer. Ojalá el enojo no cobre en los próximos días matices semánticos de otras tonalidades.

valencia.juangabriel@gmail.com