Sin coincidencias

El fin del principio

Las lecturas tremendistas y optimistas del proceso de reformas de México en 2013 coinciden en un punto: el sistema político, su proceso y su dinámica cambiaron de manera irreversible. Para bien o para mal, como diría Gustavo Madero. No hay marcha atrás.

Se ha hablado mucho de la reforma educativa en sus propios méritos. No los voy a discutir. Me adhiero plenamente a ellos. Que la CNTE pague el precio de su envilecimiento mental. De ser posible, lo más pronto. Pero la reforma educativa va más allá del tema en sí mismo. Son más de 20 años de actuación política, en el lindero de la guerra interna declarada contra el régimen político y constitucional y más de una vez transgresores de ese lindero. Municipios y en ocasiones estados sin ley y sin autoridad. Ante Gabino Cué se agiganta la figura de Ulises Ruiz. Quién lo diría.

Inexorablemente habrá nuevos actores políticos. La paciencia tiene un límite. No se puede subestimar a Enrique Peña Nieto ni a Emilio Chuayffet. Lo que está en juego es mucho más importante que la pocilga social de la CNTE. En positivo, es el capital humano del país en 2030 o 2040 lo que está en juego. Eso vale más que la cabeza aneuronal del líder de la sección 22. Sin un proyecto firme y consistente de creación de capital humano basado en un nuevo modelo educativo, ninguna otra reforma tiene algún sentido. Sin eso, la Nación, la Bandera, el Escudo e Himno, carecen de toda significación y sentido. El Presidente de la República y el secretario de Educación no pueden haber sido ignorantes de ello al adoptar las decisiones que tomaron. Ahora, hasta sus últimas consecuencias se tiene que acabar con el sindicalismo como eje de la educación. Que cada maestro, en singular, responda por la calidad de sus acciones. ¿No quería la izquierda acabar con el corporativismo? La evaluación educativa, maestro por maestro, es el primer paso. No son el magisterio, así, en colectivo; son personas, profesionales, aunque en su comportamiento colectivo muchas veces uno tienda a dudar de esa condición.

La recuperación de la rectoría del Estado mexicano en materia de educación pública va de la mano del nuevo arreglo en materia de telecomunicaciones. La pluralidad y la competencia son fortaleza del Estado moderno. Qué bueno que Cárdenas y Gómez Morín están muertos cuando ninguno de los dos supo discernir el sinsentido de la disyuntiva en la que embarcaron neciamente 75 años de la vida política nacional.

Las reformas constitucionales en materia de telecomunicaciones ponen a México en la oportunidad mayor de la verdadera libertad de expresión, del acceso ilimitado a la información, de la revolución al conocimiento, de la apertura a lo diverso y al universo, al aprovechamiento para el Estado del gran negocio que es y debe ser el espectro radioeléctrico. México entra a una etapa, postergada  por más de 50 años, de la capacidad de optar y elegir. Y es un régimen priista el que puso la voluntad política en la mesa, pésele a quien le pese.

Algo tan sencillo como que el Estado mexicano tiene el dominio pleno y es dueño absoluto de los recursos del subsuelo, no lo pueden entender los tremendistas y, por su parte, los optimistas son escépticos, demasiado familiarizados con un modelo mexicano de condición humana. La reforma energética, junto con las reformas educativa y de telecomunicaciones, entre otras, reconfiguran el mapa de actores políticos y de equilibrio de poderes del sistema mexicano. Se cambió el sistema sin desechar al régimen.

Es válida la duda de si ese era el diseño macro o simplemente se fueron acomodando las piezas en el rompecabezas de la historia. Si bien el talento supone intencionalidad en el acto de gobierno, el acierto histórico sin intencionalidad no excluye el genio.

El mapa político de México no tiene absolutamente nada que ver a partir de 2014 con lo que se nos enseñó en las aulas y en las sobremesas en torno a la vida política de México. El presidente Peña Nieto no es el Presidente que aprendió en los libros y en la tradición oral. Los secretarios de Educación, de Energía, de Comunicaciones y Transportes, de Gobernación ya no son lo que pensaron ser al protestar cumplir y hacer cumplir la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos. Son distintos. Hasta quizá mejores y que sea para bien en 2014 y que no se detengan.

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