Sin coincidencias

Trump: aquí y ahora

En una primera lectura del discurso inaugural de Donald Trump quizá la afirmación merecedora del mayor análisis desde todo punto de vista, sea de derecho internacional, de política exterior y de orden mundial, sería la de que Estados Unidos actuará “en el entendido de que es derecho de todas las naciones poner primero sus propios intereses”. Si a eso se suma el remate de otro párrafo en el que señala que “la protección conducirá a mayor fortaleza y prosperidad”, tenemos un retroceso de más de dos siglos en las macrotendencias de las relaciones internacionales desde la paz de Westfalia. Si lo va a poner en práctica, podrá o no podrá, está en veremos, pero anticipa una política exterior estadunidense tan confusa y equivocada en la geopolítica y economía mundial que recuerda a Estados Unidos de los años 20, que finalmente los llevó a la recesión. Pero es lo que hicieron los estadunidenses.

En cuanto a México, como era de esperarse, no hubo referencia explícita, aunque fue suficientemente transparente al apuntar que “América comenzará a ganar de nuevo, a ganar como nunca antes. Traeremos de regreso nuestros empleos. Traeremos de regreso nuestras fronteras. Traeremos de regreso nuestra riqueza y traeremos de regreso nuestros sueños”. Léase: en lo inmediato, el hilo de las alianzas defensivas y proteccionistas de Estados Unidos se rompe por lo más delgado y se llama México, ciertamente no Canadá. Y podrían esperarse en un plazo inmediato medidas drásticas antiinmigrantes.

No hay duda de que algo tiene de razón cuando acusa que la riqueza de la clase media de Estados Unidos se ha redistribuido a través de todo el mundo. No mencionó la recíproca, que no lo es tal sino de una profundidad asimétrica incalculable. Si el sistema fiscal estadunidense no supo redistribuir las ganancias provenientes del comercio internacional y de la inversión extranjera directa en otros países, es problema de los estadunidenses y no de los países dependientes.

El resto del discurso es vacuidad: carreteras, túneles, ferrocarriles. Gobernará para todos, mejorará la educación, se detendrá al crimen y a los cárteles de las drogas y eso cesará “aquí y ahora”, tres veces dicho.

México mientras tanto seguirá en el terreno fronterizo entre el cálculo racional y la adivinanza. Los secretarios de Relaciones Exteriores y de Economía viajarán a Washington los días 25 y 26 de enero. ¿Para hablar con quién? Es un misterio. Al día de hoy menos de 5 por ciento de los nombramientos del presidente Trump han sido ratificados por el Congreso. Sin embargo, la primera aproximación formal es fundamental. Ildefonso Guajardo tiene la experiencia del Tratado de Libre Comercio; Luis Videgaray es de facto la voz del Presidente. En esas circunstancias es de esperarse que se le presente a la Casa Blanca una agenda integral de la relación bilateral con todas sus interconexiones institucionales o personales y se tenga, ante la administración de Trump, una voz unificada. La que sea, pero única, como lo hicieron en tándem, Jaime Serra y José Córdoba hace 17 años. Sería un buen principio.

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