Sin coincidencias

A una semana

A una semana de que Donald Trump asuma la presidencia de Estados Unidos, el gobierno mexicano ya debería haber hecho acopio de los activos disponibles para contrarrestar o neutralizar algunas medidas que anticipan efectos muy adversos para la economía nacional.

La inversión extranjera directa no proveniente de Estados Unidos tiene que ser centro de especial atención por parte del gobierno federal. Ya se vio la reacción de Toyota a las amenazas del presidente electo. Históricamente, en el viejo GATT y en la Organización Mundial de Comercio, los socios asiáticos han sido más leales con el marco normativo internacional que los americanos. Incluso los países europeos han sido menos afectados que los americanos cuando es llegado el caso de judicializar los conflictos comerciales internacionales. La estrategia de Trump está orientada a afectar las decisiones previas a la diplomacia comercial, esto es, la decisión del país destino de la inversión. México tendrá que ofrecer muchos más incentivos que simplemente mano de obra barata para atraer flujos indispensables de inversión extranjera. Y el tema es no solo aplicable a la industria automotriz, sino a industrias estratégicas para asiáticos y europeos como farmacéutica y energía. Trump no se puede pelear con todo el mundo.

Otro activo que tiene México, políticamente muy incorrecto de mencionar, es el de la seguridad fronteriza. ¿Dónde empieza América del Norte, en el río Bravo o en el Usumacinta? Es de todos sabido la porosidad por no decir inexistencia de la frontera entre México con Belice y Guatemala. Más allá de su significación real, el tema de la seguridad fronteriza tiene un valor simbólico muy relevante para los votantes de Donald Trump. De otra forma no se explica la necedad del muro. En los últimos años la migración de terceros países hacia Estados Unidos con México como vía de tránsito se ha vuelto un lugar común que no encuadra con los intereses de Estados Unidos, por un lado, y con las presiones de organismos internacionales y laxitudes legales a la migración ilegal en México, por otro lado.

El tema migratorio es uno de los grandes debates de este siglo XXI convulso, pero hay que asumirlo desde las diferentes circunstancias nacionales. La administración de Trump está preocupada por la ausencia de frontera entre México y América del Sur. ¿Se puede controlar ese flujo de mercancías y personas a cambio de qué?

Está México y su prestigio de muchos años en organismos internacionales multilaterales. Ha sido frecuente el alineamiento del voto mexicano con el de Estados Unidos en los más diversos foros e incluso la retracción del país para no exponerse a raspones multilaterales con Estados Unidos como fue la fugaz presencia de México en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Si Trump cumple su cacería de indocumentados le tomará meses instrumentarlo en lo administrativo y en lo presupuestal. Lo peor que podría hacer México es separar los temas y diferenciar los interlocutores. Si se trata de replantear el TLC, la respuesta mexicana debe ser revisar toda la agenda, en todos los temas y con todas sus vinculaciones entre sí.

valencia.juangabriel@gmail.com