Sin coincidencias

45 días y contando

Quedó atrás el capítulo de la reforma hacendaria. Tal vez no así el encono, el sentimiento de agravio real o imaginario, la cuenta pendiente para posterior ajuste.

Fue un proceso complejo y queda la impresión de que ni siquiera algunos de sus actores principales se hicieron cargo de esa complejidad. El Senado rectificó lo que se había aprobado en la Cámara de Diputados y dentro del propio Senado se presentaron votaciones divididas dentro de algunos grupos parlamentarios, concretamente el PRD. A su vez, el PAN llevó su rechazo al límite y votó contra todo.

Lo deseable es que las diferencias en un tema no contaminarán otras agendas y materias, pero en política hay muchas cosas deseables, que no necesariamente realizables.

La secuencia legislativa que aguarda por delante parece no favorecer las prioridades temporales y temáticas del Ejecutivo federal. Todo indica que se requerirá cirugía mayor en la negociación con grupos parlamentarios, dirigencias partidarias (que no son lo mismo), grupos de interés, líderes sociales, medios de comunicación.

La dirigencia nacional del PAN y sus legisladores federales insisten en que la reforma política-electoral ha de preceder a la reforma en materia energética. Pero de que lo planteó de manera inicial a la fecha las circunstancias han cambiado. El PAN sabe muy bien que en las prioridades del sexenio resta solo la reforma en materia de energía. Esta situación propicia, a raíz de lo que se aprobó en lo relativo a la hacienda pública, que el PAN pudiera intentar cobrar su sentimiento de agravio mediante el encarecimiento y la radicalización de propuestas en lo político y en lo electoral, a tal punto que pudiera hacerse inviable esa reforma y la que le sigue.

El PAN está decidido a retomar la Presidencia de la República en 2018 y es su legítimo derecho. La llave para hacerlo no está en tal o cual modificación al marco de la organización electoral, sino que radica en el recurso a la segunda vuelta electoral y a otras medidas, en paralelo, de fortalecimiento del Poder Legislativo como pudiera ser la ratificación de todo el gabinete y hasta la introducción de la moción de censura. Hay varias medidas en la caja de herramientas políticas, tanto constitucionales como legales, cuyo costo parece difícil que el PRI pueda afrontar mediante su aprobación.

Entra la política mexicana a una fase en la que es prerrequisito la moderación. Es una fase de carácter inmediato. Para efectos prácticos le restan al impulso reformista 45 días, fase en la que proponer, negociar, ceder y conceder son verbos difíciles de conjugar al mismo tiempo.

Es sabido el interés de una parte del PAN en la reforma en materia de energía. Fueron los primeros en presentar una iniciativa que en cuanto a modalidades de apertura de la industria va incluso más lejos de lo que planteó la iniciativa del Ejecutivo federal. Es sabida también la aritmética parlamentaria que se requiere para lograr las reformas de carácter constitucional que plantean ambas iniciativas. De mantenerse la constitucionalidad del cambio como premisa, las izquierdas están fuera de esa discusión. No es su turno. Ellos solos se pusieron al margen de ese debate al no plantear una reforma constitucional.

Sin embargo, ya se han hecho escuchar algunas voces en el PAN que en represalia con lo ocurrido en la reforma hacendaria estarían por sabotear la coalición que en número indispensable se necesita para que haya una reforma constitucional, la que sea, la del PRI o la del PAN. Esto exige por tanto que también se ejerza cirugía mayor dentro del PAN para restaurar la unidad que de origen generó dentro del partido el envío de su iniciativa. No se ve fácil.

Mientras el Ejecutivo federal retiró de los medios la campaña en favor de su iniciativa energética, ya se encuentran al aire los spots de Cuauhtémoc Cárdenas denunciando en su diazordacismo discursivo el que se pretenda favorecer a "intereses ajenos", como si bajo el régimen petrolero y eléctrico actual estuvieran favorecidos los intereses propios.

Las izquierdas no están en la negociación ni en la democracia deliberativa, pero sí en la democracia de la audiencia. En materia energética, la presencia del PRD en el Pacto no aporta nada y fuera del Pacto solo resta. Es la hora para que los aliados históricos del PRI, en alguna etapa, y después del PAN, impriman a las partes buen juicio y equilibrio de criterios. En 2014 ya no hay condiciones.

valencia.juangabriel@gmail.com